Cada junio las banderas arcoíris vuelven a ocupar las calles y las redes sociales por el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, para muchas personas trans en El Salvador las reivindicaciones pasan también por aspectos más cotidianos: encontrar espacios donde puedan ejercitarse sin temor a la discriminación, recibir acompañamiento durante sus procesos de transición y construir comunidad en un contexto donde aun persisten barreras para el acceso a derechos humanos.
Por. Redacción
Mientras ajusta la barra de peso frente al espejo, Rainer, una mujer trans, recuerda que durante muchos años evitó los gimnasios. No era el ejercicio lo que le preocupaba, sino las miradas, las preguntas y la sensación de sentir que incluso en un espacio deportivo no pertenece.
“Siempre tuve ganas de asistir a un gimnasio”, recuerda. Además de cuidar su salud, buscaba fortalecer su resistencia para una de sus actividades favoritas: patinar “No había encontrado ningún lugar en el que me pudiera sentir cómoda y entrenar”.
Hace dos años conoció Trans Power Gym. Desde el primer día, dice, sintió que encontró un lugar para ejercitarse sin sentir que debía que explicar quién era o preocuparse por encajar,
Pero el acompañamiento fue más allá del ejercicio. Hace nueve meses inició su tratamiento hormonal y una de sus principales preocupaciones era que las rutinas no respondieran a los cambios corporales que buscaba durante su transición.
La experiencia de Rainer no es aislada. Para Edward Turcios, gestor cultural del Colectivo Hombres Trans de El Salvador (HT), muchas personas de la diversidad sexual enfrentan barreras similares al momento de acercarse a espacios deportivos o recreativos.
“Durante años, yo evitaba los gimnasios. No porque no me interesara, sino porque la idea de ingresar a uno me generaba temor. Me preocupaba situaciones como utilizar los vestidores, pedir una máquina, cosas muy cotidianas en esos lugares”, comentó.
La necesidad de contar con un espacio de este tipo fue una de las razones que motivó al colectivo HT, para la creación de Trans Power Gym en 2022, que inicialmente el gimnasio fue pensado para hombres trans, pero con el tiempo comenzó a recibir a mujeres trans y personas de la diversidad sexual que buscaban un lugar donde ejercitarse sin temor a la discriminación.
El proyecto también responde a necesidades específicas de las personas trans que atraviesan procesos de afirmación de género.
Organizaciones médicas internacionales como la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgenero (WPATH), por sus siglas en inglés, señala que los tratamientos hormonales de afirmación de género pueden producir cambios en la distribución de grasa corporal, masa muscular y fuerza física, por lo que los procesos de ejercicios suelen requerir enfoques individualizados.
Por ello, el gimnasio cuenta con acompañamiento profesional para adaptar las rutinas a las necesidades y objetivos de cada persona usuaria.
Antes de diseñar una rutina, las personas usuarias pasan por una evaluación en la que se identifican sus objetivos, condiciones de salud y necesidades específicas. “Con base a esa información se elaboran planes personalizados de entrenamiento y orientación nutricional para acompañar sus procesos, porque cada cuerpo es diferente”. mencionó la entrenadora personal de Trans Power Gym.
Para Rainer, ese acompañamiento marcó una diferencia durante su proceso de hormonización. Antes de iniciar el tratamiento conversó con la entrenadora sobre los cambios corporales que esperaba alcanzar y las características físicas con las que deseaba sentirse cómoda.
Las rutinas de entrenamiento se diseñan de forma personalizada a partir de una evaluación inicial sobre los objetivos, el estado de salud y las necesidades de cada persona usuaria.
Una apuesta colectiva frente a la exclusión
Mantener iniciativas como Trans Power Gym no ha estado exenta de desafíos. Uno de los principales retos que han enfrentado en el último año ha sido la reducción de fondos destinados a organizaciones que trabajan con poblaciones históricamente excluidas.
Turcios explicó que aunque el gimnasio continúa funcionando, los planes de ampliar sus instalaciones y adquirir nuevo equipo han tenido que posponerse. La demanda del espacio ha crecido desde su apertura. Actualmente, reciben más de una veintena de personas usuarias que asisten regularmente.
La ampliación también permitirá incorporar maquinaria especializada para atender los objetivos de las personas trans durante su proceso. “Hay máquinas que pueden abonar un poco más a la masculinización del pecho y otros objetivos corporales que buscan los hombres trans”, comentó la entrenadora.
Sin embargo, pese a las limitaciones económicas, el proyecto busca mantener su compromiso con la comunidad y garantizar que el acceso no represente una barrera. Aunque el gimnasio mantiene una cuota simbólica de $5 para contribuir a su sostenimiento, la organización identificó que muchas personas usuarias —principalmente estudiantes y jóvenes de la diversidad sexual— no podían asumir ese costo. Ante esa realidad, optó por flexibilizar los cobros y exonerar a quienes enfrentan dificultades económicas, con el objetivo de evitar que dejen de asistir por falta de recursos.
Más allá de la actividad física, quienes impulsan el proyecto consideran que sostener espacios como este también constituye una forma de responder colectivamente a necesidades que continúan sin ser atendidas. Ante la ausencia de políticas específicas para acompañar procesos de transición, promover espacios seguros o fortalecer el bienestar de la población LGBTIQ+, son iniciativas desde las organizaciones las que han asumido parte del trabajo.
Trans Power Gym proyecta incorporar maquinaria especializada para responder a los objetivos físicos de las personas trans que entrenan en el espacio.
“Este espacio no solamente es venir a formar un cuerpo”
Para lxs usuarixs, el gimnasio se ha convertido en una pausa dentro de las exigencias cotidianas: universidad, trabajo y los cambios emocionales que acompañan cada etapa de su vida.
Edward, encontró en su rutina una herramienta para afrontar momentos difíciles. Lejos de sentirse observado o cuestionado podía procesar sus emociones mientras entrenaba, esa posibilidad, le permite mostrarse vulnerable sin temor al rechazo.
Su entrenadora coincide, pues aseguró que no solo son cambios físicos los únicos objetivos. A lo largo de los años ha escuchado historias relacionadas con inseguridades corporales, rupturas amorosas, ansiedad y dificultades para aceptarse frente al espejo. “Este espacio no solamente es venir a formar un cuerpo”, afirmó.
La Organización Mundial de la Salud ha advertido que las personas trans y de género diverso suelen enfrentar mayores riesgos para su bienestar emocional debido al estigma, la discriminación y la exclusión social. En ese contexto, los espacios comunitarios pueden desempeñar un papel importante al fortalecer redes de apoyo y generar entornos donde las personas se sientan seguras y acompañadas.
Esa experiencia llevó a la entrenadora a iniciar estudios en psicología, motivada por la necesidad de contar con más herramientas para acompañar a las personas que llegan al gimnasio buscando algo más que una rutina de ejercicios. “También se trata de construir confianza, autoestima y bienestar”, concluyó.
Entre pesas, máquinas de entrenamiento y circuitos de baile, Trans Power Gym también funciona como un espacio donde conversar, compartir experiencias y construir confianza, entrelazan la salud mental, el autocuidado y el sentido de pertenencia.
El orgullo en la vida cotidiana
En El Salvador, las reivindicaciones de la población LGBTIQ+ continúan atravesadas por demandas históricas relacionadas con el reconocimiento de la identidad de género, el acceso a salud, empleo y protección frente a la discriminacion. Mientras muchas de estas deudas permanecen pendientes, organizaciones y colectivos han impulsado espacios comunitarios para responder a necesidades de la población.
En víspera del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, iniciativas como Trans Power Gym recuerdan que estas luchas también se expresan en la vida cotidiana. Para quienes asisten al gimnasio, el orgullo no solo se manifiesta en las calles o en la fecha conmemorativa, sino también en la posibilidad de habitar espacios donde pueden sentirse seguras, construir comunidad y ejercer con libertad aspectos tan básicos como el cuidado de su cuerpo y bienestar integral.