Cartas para que vuelvan: día de la madre bajo el régimen de excepción

Las cartas sobreviven al tiempo. Aunque el mundo cambió la tinta por mensajes instantáneos, todavía hay madres que escriben a mano para decir lo que el dolor no les deja callar. No son cartas de amor ni de celebración: son cartas de búsqueda, de denuncia y de esperanza. 

Hace unas semanas, el Comité de Familiares de Víctimas del Régimen de Excepción del Bajo Lempa se juntó para escribir cartas que ven la luz este  10 de mayo. 

Mientras en otras casas el Día de la Madre se prepara con flores, almuerzos y abrazos, ellas viven la fecha desde el duelo incierto de no saber cuándo volverán a escuchar la voz de quienes aman. Algunas conservan dibujos, fotografías o regalos hechos a mano de años anteriores; otras apenas se aferran al recuerdo de una llamada o de la última vez que los vieron salir de casa.

 En cada carta hay una mezcla de dolor, resistencia y esperanza: el deseo profundo de volver a escuchar un “¡Hola, mamá!”, de confirmar que siguen vivos, de abrazarlos otra vez fuera de los muros de una cárcel. 

Estas páginas no solo cuentan la historia de familias fracturadas por el Régimen de Excepción, sino también la persistencia de mujeres que se niegan a dejar que el silencio sepulte la memoria y la inocencia de sus hijos e hijas.

Por Redacción

«Hijo, quisiera saber cómo estás, poder abrazarte. Te quiero y te extraño mucho”, escribe Marta González en la carta para su hijo, Vidal Alberto Vega González, de quien lleva cuatro años sin saber.

“Mi corazón está partido” dice. Y no solo por el encarcelamiento de su hijo: hace un año, su hijo menor José Alfredo Vega González falleció en el Penal de Izalco, el 4 de abril de 2025. 

Ambos trabajaban día y noche en el cuidado y cultivo de camarones de una cooperativa en Jiquilisco, Usulután, así lograban sostener la economía familiar.

Ambos fueron capturados bajo el Régimen de Excepción la noche del 17 de mayo de 2022: uno descansaba en su casa después de terminar su turno, mientras el otro aún se encontraba trabajando. 

Cuatro años después, el espíritu de su madre resiste. No es fácil, ahora, ella debe sostener a su familia y asegurar un paquete para su hijo mayor que se encuentra en la Granja Penitenciaria de Zacatecoluca. 

Dos veces a la semana carga hasta 50 libras de camarones y camina por las calles de Jiquilisco para venderlas. Un paquete al mes cuesta de $150 a $200 afirman las madres del Bajo Lempa.

La vida de muchas madres y familiares cambió a partir del 27 de marzo de 2022, cuando entró en vigencia el Régimen de Excepción. Los últimos datos registran a más de 91 mil personas detenidas arbitrariamente sin ninguna garantía constitucional ni un debido proceso legal que asegure su libertad e inocencia.

A la fecha, son 50 prórrogas que la Asamblea Legislativa aprueba sin mayor análisis, sin debate. Además, Socorro Jurídico Humanitario contabiliza más de 521 personas que han muerto debido a las condiciones carcelarias, falta de atención médica y tortura. 

La causa de muerte de José Alfredo todavía genera dudas. Según su familia fue debido a que enfermó de insuficiencia renal y la sepsis empeoró su situación de salud. 

Para Marta, el dolor de la pérdida de su hijo aumenta, debido a que su nieta de siete años no podrá ver a su padre nuevamente. “Ella me dice que extraña a su papá, incluso a veces me dice que quiere ir a verlo. Cuando la llevo, se acuesta en la bóveda, y la escucho decir: Papito, te extraño. Ya no te volví a ver.»

Sin embargo, Marta no piensa decaer, la otra mitad de su corazón debe luchar por la libertad de su hijo mayor.

Carta de Marta González a su hijo Vidal Adalberto y a otras madres

Madres viven un 10 de mayo marcado por ausencia 

Elena, otra madre, le escribe a su hija sobre los rituales que mantiene desde su captura “Cuando son fechas importantes, yo siempre pongo un plato en la mesa. Ese plato significa la ausencia suya. Pero ese plato me da un consuelo, como si la tuviera a usted presente». Mientras escribe, revive el recuerdo de su hija cuidándola y dándole regalos cada 10 de mayo. Pero ahora, solo anhela tenerla en su mesa.

Su hija también es madre. Elena ha tenido que cuidar a sus tres nietos, “sus niños que usted me dejó, no se preocupe, porque ellos están bien. El niño y las dos niñas están bien, la bebecita de pecho que me dejó ya está creciendo, ya la tengo en el kinder, la voy a dejar en la mañana y la voy a traer al mediodía”. 

La niña más pequeña solo ha escuchado las historias de su hermana mayor y le pregunta a su abuela Elena cuándo conocerá a su mamá. Elena espera que ese día esté más cerca.

“Hasta pronto. No descansaremos hasta darle el abrazo, hija”,

Datos de las comunidades del Bajo Lempa indican que al menos 125 niños y niñas no tienen a su madre, padre o a ninguno porque fueron capturados bajo el Régimen de Excepción,  y que crecen sin la posibilidad de saber si están bien. 

Las madres lamentan y piden justicia por sus hijos e hijas que no pudieron continuar con sus planes de vida. Muchas de las víctimas del régimen sostenían la economía familiar y  realizaban trabajos de cuidados.

“Te amo mucho. Te recuerdo con mucho amor cómo comías tus comidas favoritas y la canción que grabaste”, escribe Margarita Saravia para su hijo José Alexis González Saravia, quien se encuentra en el Penal de Mariona.

Margarita se entristece al recordar que el 15 de abril de 2022 fue capturado arbitrariamente y que, a sus 20 años, le arrebataron injustamente su libertad. José es un artista en potencia, se dedicaba a grabar canciones en las cabinas de Radio Mangle. 

En este recorrido por lograr la libertad de su hijo, Margarita ha enfrentado el estigma de la policía y de las instituciones del Estado, que señalan a José por ser joven y tener tatuajes, pese a que ha presentado los arraigos que demuestran su inocencia.

Margarita dice que, como madre, es duro mantenerse fuerte. Lo único que pide es que su hijo sepa que su madre está luchando para tenerlo en casa nuevamente. 

Una carta a la procuradora Caballero: “Póngase una mano en la conciencia”

Las madres y familiares de las víctimas del régimen de excepción desconocen las condiciones de los centros penitenciarios. No saben si los paquetes llegan completos; si les dan de comer o si están de bien de salud. Lo que piden es poder ver a sus familiares y tener audiencias justas. 

“También quiero darle una carta a la Procuradora, para la señora Caballero, para que se ponga la mano en la conciencia(…) que le den los paquetes a nuestros hijos, que no les quiten la mitad; y a los enfermos que les den comida”.

En estos cuatro años de régimen, las mujeres han sido el rostro de la resistencia frente a las instituciones gubernamentales. Ellas piden respuesta por sus familiares. Las madres del Comité del Bajo Lempa han denunciado las violaciones de derechos humanos y han demostrado la inocencia de las víctimas del régimen de excepción. 

Carta de padres y madres de víctimas del Régimen de Excepción para la procuradora Caballero.

La Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos (PDDH) es la institución creada a partir de los Acuerdos de Paz para velar por la protección, promoción y educación de los derechos humanos. 

El artículo 194 de la Constitución de la República de El Salvador establece entre las atribuciones de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos:  “Vigilar la situación de las personas privadas de su libertad será notificado de todo arresto y cuidará que sean respetados los límites legales de la detención administrativa”.

La PDDH registró más de 2 mil denuncias por violaciones a los derechos humanos realizadas por personas familiares y sobrevivientes del régimen de excepción entre 2022 y septiembre de 2025. Entre los datos, son 201 personas muertas bajo la custodia del Estado.

Detenciones arbitrarias, muertes bajo custodia del Estado, ejecuciones extrajudiciales, tratos crueles, desplazamiento forzado, desaparición forzada y sometimiento a la niñez son algunas de las denuncias que han presentado las familias ante la PDDH y que permanecen en negación.

“Las familias no tienen recurso económico para poner un abogado que pueda ayudar a defenderlo. Están a la merced de lo que pueda hacer el abogado de la Procuraduría General de la República. Que por testimonio de las familias sabemos que no van a hacer nada, porque es una institución del Estado, el mismo que le está criminalizando” señala José Salvador, quien acompaña al Comité de Familiares Víctimas del Régimen de Excepción del Bajo Lempa.

Los tribunales están realizando audiencias masivas con condenas de más de 40 años, sin revisar la inocencia de cada persona capturada. En el informe de GIPES señalan que el sistema judicial ha rechazado los escritos de Habeas Corpus, dejando sin un recurso legal para revisar la legalidad en que se llevó a cabo la captura. 

Los familiares del Bajo Lempa afirman la entrega de 153 Habeas corpus, en algunos casos fueron inadmisibles por documentación complicada de conseguir y por el corto de tiempo para la entrega. 

Estas denuncias son de personas que viven en condición de pobreza y que nunca imaginaron conocer sobre leyes y deberes del Estado, aprendieron en el camino. A lo largo de cuatro años, han buscado respaldo de la Procuraduría de Derechos Humanos, han entregado Habeas Corpus a la Corte Suprema de Justicia y han salido a las calles a defender a sus familiares inocentes. Pero no han sido escuchadas.

Estimada Sociedad: “Pedimos que no nos juzguen y apoyen está lucha”

“Estimada sociedad salvadoreña, por este medio me dirijo a ustedes para pedirles que nos acompañen en esta lucha como madre buscadora de justicia. Pedimos que no nos juzguen, sino que apoyen esta lucha”, se dirige Delmy, una madre que hace lo posible para volver a escuchar un saludo de su hijo. 

Si el Estado no escucha, las madres esperan que la sociedad sí lo haga. Sin embargo, es común escuchar un mal comentario de parte de una persona espectadora que las critica sin saber. 

“No sé por qué tanta tortura, nuestros corazones ya no aguantan. Queremos ver a nuestros hijos porque ellos son inocentes. Queremos justicia para todos y todas las personas inocentes. Especialmente a mí, que soy una madre que pide un abrazo de su hijo Mauricio.” cierra Delmy.

Un poco de empatía piden las madres. La depresión, las enfermedades y el aumento de la pobreza son otros problemas que deben enfrentar como es el caso de Marcela Alvarado que tiene problemas renales y de azúcar.

La carta de Victoria, madre de Nelson Barrera, pide el apoyo a la sociedad salvadoreña.

“La sociedad nos está castigando, nos juzga a nosotros y a nuestros hijos sin saber la verdad. […]  Me duele escuchar que ustedes digan que lloramos porque ya no nos mantienen con dinero ilícito. Lo cierto es que mi hijo trabajaba cuidando de mí” añade Marcela Alvarado, madre de José Duval. 

Hay familiares que han fallecido luchando con la esperanza de ver a sus familiares en libertad, y que en su memoria, la defensa por la vida de personas inocentes sigue. El comité cumplió sus cuatros años de resistencia pero son siete personas que ya no están.

“El comité de familiares, a esta fecha, ha perdido siete de sus integrantes. Han muerto por enfermedades crónicas que se han venido agravando. Han pedido ver, como último gesto del Estado, a su pariente detenido y no se les ha permitido”, dijo José Salvador frente al Monumento al Divino Salvador del Mundo el pasado 1 de mayo 

Resistir en colectividad: Unidas y unidos hasta darles un abrazo

La organización ha sido clave para sostener la resistencia. El 27 de abril de 2022 se consolidó el Comité de Familiares de Víctimas del Régimen de Excepción del Bajo Lempa, y el 11 de mayo de ese mismo año entregaron los primeros 11 habeas corpus.

El comité les ha permitido coordinar acciones públicas y legales, una de ellas fue la caminata por el Día de los Derechos Humanos organizada junto con el Movimiento de Familiares Víctimas del Régimen de Excepción (MOVIR) el 9 y 10 de diciembre de 2024 para entregar una carta a la Casa Presidencial. 

En el Comité también hay hombres que defienden la inocencia de familiares, y que han participado en las concentraciones para exigir su libertad. En la preparación de las cartas para este 10 de mayo, señalaron las injusticias del Régimen de Excepción y animaron a seguir en resistencia. 

“Luchen a la par de otras personas porque la lucha es por la gente inocente”, añade Pablo Rivera a su carta. Es padre de Eduardo Jesús Rivera Cortes, capturado el 26 de marzo de 2022 a las 11 de la noche. Pese a las pruebas que demuestran su inocencia le preocupa que su hijo sea condenado injustamente.

Además, el Comité ha permitido encontrarse con otras para acuerparse en medio del dolor. Marta González recuerda que después de la muerte de José Alfredo estuvo acompañada de otras mujeres del comité. Le ayudaron a sobrellevar los primeros días de luto. No están solas, se acompañan entre ellas. 

“Otras mamás, si están pasando por lo mismo que nosotras, las invitamos a participar”, menciona en su carta Marta González. Añade que tuvo depresión y tristeza. Cuando pidió ayuda, logró nivelar el azúcar en la sangre, se unió a “Guardianas de la Paz” y otra organización le dio acompañamiento psicológico.

Para ella fue importante buscar apoyo, ahora sigue encontrándose con otras mujeres y madres que entienden lo que significa no saber cómo están sus familiares por más de cuatro años. 

En cada reunión de las familias con el Comité, siempre inician con un canto que les recarga sus energías y recuerdan el motivo de porque están organizadas: hasta darles un abrazo

Al cantarla, aparece un nudo en la garganta. Una parte de alegría por los casos de quienes han logrado la libertad provisional de sus hijos e hijas, pero también un dolor a quienes les han entregado el cuerpo de su familiar fallecido, como fue el caso de Marta. 

No nos demos por vencidas, sigamos adelante, no desmayemos, pidámosle a Dios que nos de fuerza y fortaleza para seguir con ellos en este proceso”, concluye Marta, que no piensa rendirse hasta ver a su hijo mayor Vidal Adalberto Vega González.

Este 10 de mayo, no es igual para todas las madres pero es un momento para empatizar con las historias de las que esperan el regreso a sus hijos, hijas, esposos, hermanos que hace más de cuatro años viven la injusticia de un sistema que no les responde.