“Tu silencio no te protegerá”
Audre Lorde
De niña, en un colegio de monjas, tenía una compañera, me encantaba su sonrisa, pensaba mucho en ella, aunque no entendía por qué. Quería ser como ella, era la forma de nombrar lo que sentía. También admiraba profundamente a mis maestras y buscaba su cercanía.
Por. Sara Bugambilia
Luego me cambiaron a un colegio mixto. Mi primera conexión fue con una compañera masculina, a quien le encantaba el deporte. Hacíamos todo juntas, nos decíamos comadres. Empezamos a jugar básquetbol, entrenábamos juntas y explorábamos el mundo con humor y alegría. No logré nombrar estas experiencias, era una niña a la que le gustaban otras niñas, pero no pude reconocerlo como atracción. No percibía mi potencia ni mi deseo.
Hoy, en retrospectiva, puedo ver cómo operó en mi cuerpo la heterosexualidad obligatoria. Adrienne Rich establece que, entre las instituciones que nos han controlado históricamente, se encuentran la maternidad patriarcal, la familia nuclear y la heterosexualidad obligatoria, instituciones que se sostienen y fortalecen mediante la legislación, los mandatos religiosos, las imágenes de los medios de comunicación y la censura de nuestros deseos.
Una niña a la que se le impone la familia y la maternidad como destino, que recibe el bombardeo mediático de Disney, que enfrenta la presión social cotidiana y no encuentra referentes lésbicos ni en la televisión, ni en la calle, ni en la casa se ve expuesta, como diría Sara Torres, a la hetero-realidad, una forma inconsciente del deseo. Y así llegué a mi adolescencia: entre la admiración por mis amigas y una exploración heteronormada, hasta que la vida me atravesó con la experiencia de un embarazo a los 19 años, que me puso frente a la posibilidad de seguir mi deseo y decidir por mi cuerpo.
Desde hace un tiempo vengo reflexionando sobre mi experiencia de haber atravesado un aborto como acto de autonomía y libertad personal. Entender mi vivencia desde una mirada feminista abrió un universo de posibilidades para mí. Esto me brindó herramientas para realizar ejercicios críticos que me permitieron cuestionar la naturalización de las violencias patriarcales y el mandato de la maternidad en mi vida cotidiana.
Además, me permitió desafiar la heterosexualidad obligatoria, explorar mi deseo y más tarde, nombrarme como lesbiana, problematizando los sistemas binarios que excluyen múltiples existencias. Habitar mi identidad y mi orientación sexual desde el desafío al mandato de la maternidad y al régimen heterosexual me ha permitido reconocer mi experiencia vital como fuga y subversión.
Abortar me llevó al feminismo, a entender la autonomía encarnada. Me llevó a organizarme, a conocer otras mujeres, trans y no binaries en fuga, que habitaban el deseo lésbico. Mi imaginario empezó a reconocer referentes lésbicas que admiraba por su determinación, potencia y placer. Esto habilitó en mí la posibilidad de comprender mi propio camino y reconocer mi deseo.
Rich nos invita a estudiar la heterosexualidad y la maternidad como instituciones políticas. Señala que, así como existen el capitalismo y el racismo, la heterosexualidad es un sistema que oprime, reproduce y normaliza formas de violencia, una estructura que sostiene desigualdades y control sobre nuestros cuerpos.
Una transformación social profunda requiere desafiar y abortar las fuerzas que sostienen la heterosexualidad obligatoria. Reconocer con gozo nuestra existencia lesbiana y ampliar las referencias de mujeres, trans y no binaries que rompen con la heteronorma, para que otras, otros y otres encuentren caminos para nombrarse en libertad.
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Sara Bugambilia. Lésbika pansexy. Activista transfeminista y abortera Centroamericana