Hacer rendir el dinero para la comida, acompañar a una persona enferma, cuidar a una niña o conseguir agua cuando falta: para muchas mujeres, sostener la vida significa resolver estas necesidades todos los días. Estas necesidades están ligadas a las decisiones sobre los impuestos. De lo que el Estado recauda depende una parte de los servicios que pueden aliviar esas tareas. Cuando faltan, son las mujeres quienes suelen cubrir la necesidad con más trabajo, menos descanso y menos oportunidades para obtener ingresos propios.
Por eso, las decisiones sobre política fiscal se sienten en la casa y en la comunidad. Importa cuánto cobra el Estado, a quién le cobra y qué hace con ese dinero. Pero también importa lo que decide no cobrar mediante exenciones, deducciones y otros beneficios. Esa renuncia a recaudar se llama gasto tributario o sacrificio fiscal. Algunos beneficios protegen ingresos de las familias; otros apoyan actividades empresariales. Distinguirlos permite defender los primeros y exigir que los segundos demuestren su utilidad social. Leer más