Aunque hoy existen tratamientos eficaces para el VIH y gratuitos en el sistema público de salud, el miedo a realizarse una prueba, la discriminación y la ausencia de estrategias sostenidas de prevención siguen condicionando la respuesta al virus en El Salvador.
Para organizaciones de personas que viven con el VIH, especialistas en salud pública y organismos internacionales, estos factores explican por qué el país continúa registrando nuevos diagnósticos cada año, pese a que existen herramientas para prevenir la transmisión.
Por. Redacción
Durante la década de los ochenta, recibir un diagnóstico de VIH en El Salvador era, para muchas personas, sinónimo de una muerte casi segura. El acceso a medicamentos era limitado, el conocimiento científico aún era insuficiente y el miedo alimentó una epidemia paralela: la del estigma.
Sin embargo, los avances médicos no han ido acompañados del mismo ritmo en la prevención ni en la transformación de los imaginarios sociales alrededor del VIH. El estigma continúa siendo una de las principales barreras para que las personas se realicen una prueba de manera oportuna, accedan tempranamente a los servicios de salud o hablen abiertamente sobre su diagnóstico.
En ese contexto, las cifras más recientes del Ministerio de Salud volvieron a poner el foco sobre la situación del VIH en el país. Hasta el 4 de julio de 2026 se habían registrado 489 nuevos diagnósticos, un 14.3% más que el mismo periodo del año anterior.
Aunque el dato podría sugerir un incremento de la epidemia, especialistas y organizaciones que trabajan en la respuesta al VIH coinciden en que los diagnósticos no deben interpretarse automáticamente como un repunte de las infecciones. Por el contrario, consideran que reflejan una realidad persistente: el virus continúa circulando y el país mantiene desafíos históricos en materia de prevención, diagnóstico oportuno y educación.
Hasta el 4 de julio de 2026 se habían registrado 489 nuevos diagnósticos |Fuente: Boletín Epidemiologíco, 2026. (Elaborado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial, revisado y verificado por el equipo editorial).
“La epidemia siempre ha sido concentrada. Asusta ver la cantidad de casos que se reportan, pero realmente esto no ha cambiado; El Salvador ha mantenido ese comportamiento durante años”, explicó
Catherine Serpas, directora de la Asociación Nacional de Personas Positivas Vida Nueva.
Desde su experiencia acompañando a personas que viven con VIH, sostiene que los datos deben interpretarse dentro del contexto epidemiológico del país y no de manera aislada. “La forma de captar los datos es la que ha cambiado, pero la epidemia sigue teniendo las mismas características”, añadió.
Para Vida Nueva, las cifras no deberían centrar la discusión en si existe o no un repunte, sino en preguntarse por qué las personas siguen adquiriendo el virus cuando existen herramientas para prevenir la transmisión. La organización advierte que los diagnósticos tardíos y la disminución de las campañas de prevención siguen siendo parte de una respuesta que aún tiene importantes vacíos.
¿Quiénes aparecen en las estadísticas?
Más allá del número de diagnósticos, los registros oficiales también permiten identificar algunos patrones sobre quiénes están siendo diagnosticados y dónde se concentran los casos. Los registros del Ministerio de Salud permiten identificar algunas tendencias sobre las personas que reciben un diagnóstico de VIH en el país.
El perfil de los nuevos diagnósticos también ofrece pistas sobre el comportamiento del VIH. La mayoría corresponden a hombres y se concentra en personas jóvenes, principalmente entre los 20 y 34 años, es decir, en una etapa de alta actividad social, laboral y sexual. A nivel territorial, San Salvador continúa registrando la mayor cantidad de casos, seguido por San Miguel y La Libertad, departamentos que históricamente han concentrado buena parte de los diagnósticos.
Especialistas indican que el aumento debe analizarse segun el comportamiento historico y no interpretarse automaticamente como un rebrote. | Fuente: Boletín Epidemiologico, MINSAL 2026. (Elaborado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial, revisado y verificado por el equipo editorial).
Sin embargo, especialistas advierten que estas cifras no deberían conducir a interpretaciones simplistas. La epidemia del VIH continúa siendo concentrada y afecta de manera desproporcionada a determinadas poblaciones, cuya realidad hoy resulta más difícil de analizar debido a la falta de información epidemiológica desagregada.
Ese desafío, sostienen, también coincide con cambios en las políticas públicas relacionadas con la prevención. En febrero de 2023, el Ministerio de Salud ordenó retirar de las unidades de salud formularios, materiales educativos y documentos que contenían referencias a la diversidad sexual e información sobre infecciones de transmisión sexual.
Para el médico infectólogo Iván Solano Leiva, quién integró la Comisión Nacional contra el Sida (CONASIDA), la preocupación no radica únicamente en los cambios realizados en los formularios, sino en el impacto que estos pueden tener sobre la respuesta de la salud pública. Explica que dejar de recopilar información que permita identificar a las poblaciones más afectadas dificulta comprender cómo evoluciona la epidemia y orientar las estrategías de prevención.
“Si yo pudiera focalizar quiénes son las personas más vulnerables al contagio, en base al formulario, voy a tener una verdadera fotografía de a qué grupo apostarle más a la prevención y solicitar apoyo para hacer campañas de mayor educación”, señaló.
Cuando el estigma también es una política pública
Las decisiones que rodean la prevención del VIH también forman parte de la discusión. En 2023, el presidente Nayib Bukele anunció la eliminación de lo que denominó la “ideología de género” del sistema educativo. Para especialistas consultados en este reportaje, algunos cambios implementados en los últimos años han modificado herramientas, documentos, programas y políticas públicas con referencia a la perspectiva de género y la diversidad sexual, que durante décadas hicieron parte de la respuesta institucional frente al virus.
Aseguran que el estigma no sólo se manifiesta en una consulta médica, en un espacio de trabajo o dentro de una familia. También puede reproducirse cuando las políticas públicas dejan de reconocer las realidades de las poblaciones clave, cuando disminuyen las campañas de prevención o cuando la educación integral en sexualidad deja de formar parte de las estrategías para promover el autocuidado y el acceso oportuno a la información.
Para la Dra, Celina Miranda, representante de ONUSIDA en El Salvador, la respuesta al VIH debe abordarse desde un enfoque integral. Además del acceso a pruebas y tratamiento.
“La educación integral en sexualidad continúa siendo una de las herramientas con mayor evidencia para prevenir nuevas infecciones, reducir el estigma y promover que las personas conozcan su estado serológico, es decir, si la prueba detecta o no la infección por VIH”, explicó. Sin embargo, advierte que este componente ha ido perdiendo presencia en la discusión pública y en las estrategías institucionales.
Para la representante de ONUSIDA, fortalecer la prevención también significa garantizar que las personas accedan a información basada en evidencia y a servicios de salud libres de estigma y discriminación. De lo contrario, advierte, el diagnóstico continuará llegando tarde para muchas personas.
La OMS ha enfatizado que las estrategias de prevención y educación no deben limitarse únicamente a poblaciones priorizadas, sino ampliarse hacia la población general mediante acciones integrales de prevención, educación sexual, acceso a pruebas diagnósticas y reducción del estigma y la discriminación.
“Mientras siga existiendo miedo a hacerse la prueba, seguiremos llegando tarde al diagnóstico”
En la Asociación Nacional de Personas Positivas Vida Nueva todavía llegan personas con una preocupación en común; el estigma continúa siendo una de las principales barreras para la prevención y el diagnóstico oportuno.
La directora de la asociación asegura que muchas personas retrasan la prueba por miedo a la discrminación o a las consecuencias que un diagnóstico pueda tener en su vida familiar, social o laboral. “A nadie le gusta recibir un diagnóstico de VIH. Todavía existe mucho miedo a hacerse la prueba porque las personas piensan en el rechazo, en la discriminación y en cómo cambiará su vida”, explicó.
Esa percepción también quedó documentada en el Índice de Estigma en Personas que Viven con VIH, presentado en 2023. El estudio reveló que ocho de cada diez personas consultadas habían ocultado su diagnóstico por temor al rechazo, mientras que más de la mitad reportó haber vivido algún episodio de estigma o discriminación.
El acoso verbal, y la discriminación familiar, principales elementos de discriminación| Fuente: INDEX 2019
Aunque la legislación salvadoreña prohíbe exigir pruebas de VIH como requisito para acceder a un empleo, Serpas señaló que la organización aún recibe consultas de personas que enfrentan esta práctica durante procesos de contratación o temen perder oportunidades laborales debido a su diagnóstico.
Más prevención, menos estigma
A pesar de los desafíos, las fuentes consultadas coinciden en que El Salvador cuenta con herramientas para reducir las nuevas infecciones y mejorar la calidad de vida de las personas que viven con VIH. Sin embargo, advierten que el acceso gratuito al tratamiento, por sí solo, no basta para frenar la epidemia.
Para la doctora Miranda, fortalecer la respuesta implica recuperar la prevención como una herramienta de prioridad de salud pública. Esto incluye garantizar información basada en evidencia, promover la educación integral en sexualidad, ampliar acceso a las pruebas de detección y combatir el estigma que todavía impide que muchas personas conozcan oportunamente su diagnóstico.
En esa misma línea, el infectólogo Iván Solano sostiene que las decisiones deben apoyarse en información epidemiológica que permita comprender cómo evoluciona la epidemia y orientar los recursos hacia poblaciones con mayor vulnerabilidad. Para ello, considera indispensable contar con registros que faciliten el diseño de estrategías focalizadas y campañas de prevención más efectivas.
Para Serpas, el reto también pasa por transformar la manera en que la sociedad habla del VIH, Mientras exista el miedo, la desinformación y la discriminación, muchas personas seguirán llegando tarde al diagnóstico, aun cuando hoy existen tratamientos que les permiten vivir una vida plena.
Cuatro décadas después de que el VIH fuera visto como una sentencia de muerte, el mayor desafío ya no es la falta de tratamientos, sino garantizar que las personas puedan acceder a información, prevención y servicios de salud sin miedo. Para los especialistas, esa sigue siendo una deuda pendiente de la salud pública y de los derechos humanos en El Salvador.