Colectiva Feminista: La vid de los frutos tangibles

La Colectiva Feminista cumple 18 años de trabajo, una organización fundada por 10 mujeres feministas en 2004, hoy tiene presencia en gran parte del territorio nacional. 

Por: Gloria Orellana, periodista salvadoreña

La identidad y el trabajo de la Colectiva Feminista, desde la visión de sus lideresas es semejante al ciclo biológico de la vid que brota, folia, florece, fecunda, da frutos que se recogen en la vendimia, cuya cosecha da vida a un buen vino.

Y en este ciclo infatigable, la Colectiva Feminista se extiende en las manos de mujeres lideresas en el territorio nacional, en donde las anima a seguir adelante sin importar el entorno al cual lleguen a sumarse e incidir en los procesos de defensa de los derechos humanos de la mujer salvadoreña.

Estas son historias humanas de mujeres que creen en sus utopías, creando su propia identidad y que han tenido siempre presente que los “liderazgos compartidos” son como una buena cepa de parra, entre más amplia más diversos sus frutos.

Morena Herrera, recordó que la construcción de liderazgos compartidos fue la idea inicial con la que surgió la Colectiva Feminista y que su vínculo con el desarrollo local, les llevó a tomar la decisión de trabajar desde una visión más amplia, al comprender que las mujeres en diferentes territorios tienen sus propias y diversas experiencias de su diario vivir.

“La idea fue que necesitábamos más liderazgos en nuestro movimiento, pero no necesitábamos liderazgos únicos sino -muchos liderazgos- de los cuales aprender”.

“Porque una mujer puede alumbrar con su luz a otra mujer, entonces, ellas dos brillan y las dos podemos compartir con otras y haremos una cadena para lograr estos liderazgos, esa ha sido mi experiencia y es lo que buscamos siempre”.

Sobre las experiencias importantes, Morena Herrera, ha resuelto, de los muchos, dos momentos que guarda por su plenitud del trabajo compartido. Uno de ellos es el éxito que obtuvo la consulta popular por el derecho humano al agua en Suchitoto, Cuscatlán, una de sus vivencias más queridas por la satisfacción del trabajo colectivo, en el cual se involucró mucha gente y terminó convirtiéndose en una contribución importante para la población y la historia del país. Además, celebra la libertad de las mujeres que han sido condenadas por emergencias obstétricas.

Yo también me he sentido satisfecha cuando veo a las mujeres o a una mujer recuperar su libertad después de estar procesada o condenada a tantos años de cárcel y lo logramos desde un trabajo conjunto revirtiendo la voluntad penalizadora y criminalizadora del sistema de justicia. Y vemos que salen de ese encierro, de la cárcel, esas son cosas que me dan mucha satisfacción”.

Lo que no es para menos, según una entrevista a Morena Herrera en 2016, señaló que, hasta ese año, al menos 42 mujeres que fueron encarceladas por sufrir emergencias obstétricas, recuperaron su libertad al comprobar su inocencia. Y algunas se han unido al movimiento a fin de ayudar a otras mujeres que vivieron la misma injusticia ante la penalización absoluta del aborto en el país.

“Dentro de la defensa de los derechos de esas mujeres ha sido muy importante la gestión jurídica, pero también la movilización social. Que ha sido fundamentalmente realizada por mujeres de distintos territorios y creo que es una contribución muy importante en donde hemos tenido muchas satisfacciones de estas experiencias” compartió Morena.

Morena Herrera/ Foto Colectiva Feminista

Y los frutos no caen lejos del árbol: los liderazgos compartidos en el territorio lo representan con mucho acierto. Milagro de la Paz Alvarado, lideresa del cantón San Marcos Lempa, municipio de Jiquilisco, departamento de Usulután, fundadora de la Colectiva Feminista, relata que entre sus expectativas está el afán de crear un movimiento de mujeres y feministas en El Salvador, con la intención que este grupo de mujeres que enfrentarían el sistema patriarcal, encontrara a mujeres que no solo participaban en defensa de derechos y procesos de incidencia, sino también en la construcción y fortalecimiento de un tejido asociativo de mujeres en lo urbano y rural.

“Era importante contribuir a que mujeres rurales, campesinas o comunidades mayormente empobrecidas en el país pudieran tener voz propia y poderse organizar y no ver propiamente la pobreza como un fenómeno natural en sus vidas, sino que pudieran interpretarla en sus vidas como parte de un sistema patriarcal que genera opresión y discriminación en contra de las mujeres”.

“Buscamos que la Colectiva Feminista fuese un equipo gestor de procesos participativos y de construcción de propuestas de trabajo con lideresas de los diferentes municipios, es decir, la Colectiva empezó trabajando con 17 municipios, pero luego esto se fue ampliando y durante estos últimos 18 años, ha significado que expresiones del movimiento feministas se consideren diversas, que hay diferentes perspectivas territoriales y que trabajemos como movimientos que se han ido articulando y otras poblaciones como la LGBTI o juventudes”, indicó.

Sobre los “liderazgos Compartidos”, Milagro, resaltó el desarrollo de procesos en donde las mujeres se han apropiado de sus derechos y que los demanden y defiendan, siendo conscientes que forman parte de una población que históricamente ha sido discriminada, vulnerada y violentada en la integralidad de sus derechos.

“Sabemos que, pese a esa realidad tan dura y cruel, es posible también soñar y con ideales para la construcción de una sociedad más justa para las mujeres. Y es ahí, donde hay muchas experiencias y una de las más grandes que recuerdo es el tejido social y organizativo que hay en los municipios. En donde las mujeres, aunque ya no pueda estar la Colectiva, ese movimiento seguirá adelante y es un legado que la Colectiva deja en los municipios y comunidades”, consideró Milagro.

Milagro Alvarado/ Foto Colectiva Feminista

Cuando Rosa Lizeth Ramos Argueta, llegó en busca de asesoramiento y ayuda contra la violencia que sufrían las mujeres en el caserío La Laguna, cantón La Guacamaya, municipio de Meanguera, Morazán, entró en contacto con ese tejido asociativo y con la Colectiva Feminista, quienes retomaron la realidad de su entorno.

Mujer empoderada y vivaz, se presenta como madre soltera por elección, independiente y defensora de derechos humanos de las mujeres de su departamento, aunque está consciente que los desafíos para garantizar los derechos de las mujeres en su territorio son difíciles, el tejido de conexión logrado con otras mujeres le da fuerza para seguir en su papel de defensora.

“Cuando conocí a la Colectiva Feminista, me di cuenta que existía una organización de mujeres que estaba afuera de mi cantón, que se reunían para hablar de diversos temas. Y como en mi comunidad estaban ocurriendo muchas violencias hacia las mujeres, entonces tomé la decisión de buscar auxilio y solventar el problema que se daba en ese momento y que aún es complicado”, recordó Rosa.

El grupo era la Red Ciudadana de Mujeres, quienes la invitaron a participar y donde pudo contar su experiencia, lo que la motivó a seguir llegando a otras reuniones, pese a que tenía que invertir 40 minutos de viaje desde su caserío, para encontrar transporte colectivo. No obstante, era más fuerte su deseo por obtener ayuda y que la violencia contra las mujeres en su comunidad se erradicara.

“Al principio no entendía que era ser defensora o pertenecer a una red de defensoras o qué era la Colectiva Feminista, nombramos a Isabel Acevedo como representante ante ese movimiento y ella nos traía toda la información, y comencé a comprender lo de los derechos de las mujeres”.

“Y luego de un tiempo tuvimos la gran idea de crear la Red de Defensoras de Morazán y sabiendo que teníamos el apoyo de la Colectiva Feminista -para mí- la base fundamental nos otorgó con conocimiento y buscar el escape, la salida de las mujeres que hemos estado en un círculo de violencia como yo estuve”, recordó.

Para Rosy, el derecho mayormente vulnerado históricamente en las mujeres rurales ha sido el acceso a la tenencia de la tierra y de tenerlo, la costumbre siempre ha sido trasladar el poder al compañero de vida y el sometimiento que tienen del hombre en sus proyectos de vida.

“Hasta hace poco tuve la experiencia de tener la casita a mi nombre, gracias a la Colectiva Feminista, a la Red de Defensoras de mi departamento, que han sido aliadas dándonos ideas de qué podemos hacer para defender nuestros derechos que nos han negado de por vida. Porque la mujer siempre se le ha visto de menos, ciudadanas de segunda, que no podíamos tener derecho a eso”.

“Ahora puedo hablar de todo lo que sufrí sin derramar ni una lágrima, antes no podía ni permitía muestras de cariño de las compañeras porque tenía miedo a todo. Pero gracias a estas organizaciones que vinieron a alentarnos a nuestra vida y familia. Y las mujeres que quisimos salir de esos círculos de violencia lo logramos y luchamos aún por las que aún siguen atadas a ese calvario, pero las seguimos acompañando y felizmente tengo 11 años de trabajar como defensora voluntaria para la Red de Defensoras de Morazán”, dijo Rosa.

El respeto a la independencia y crecimiento personal dentro de la colectiva, es otro fruto representado en Alejandra Burgos, con 10 años de estar trabajando en la coordinación del Eje de Protección Integral de las Mujeres Defensoras, sus ideales a sus 33 años, la envuelve la seguridad de la conquista social y la democracia con el reconocimiento de las mujeres.

“Me siento muy agradecida por estos 10 años, de haber crecido aquí, llegué recién salida de la universidad tenía la ingenuidad de la inexperiencia, claro no había pasado los procesos organizativos o laborales y creía que las cosas iban a pasar rápido y en menor tiempo. Y al estar dentro me doy cuenta de la complejidad de todas las dificultades y las luchas internas para poder sostenerse y seguir construyendo que era más lento de lo que creía y fue mi primer aprendizaje”.

Alejandra, rescata como punto de fortaleza el “hacer con otras”, aspecto importante desde su liderazgo juvenil, al reconocer la incidencia de otras compañeras que han venido construyendo transformaciones sociales y cambios simbólicos que van más allá de lo discursivo y momentáneo, un aprendizaje de realidad que enaltece el tratamiento y pericia de otras lideresas en temas tan difíciles como la gobernabilidad democrática en diversos ámbitos del territorio nacional.

“Abrir espacios en donde se cree que menos posibilidades existen sobre todo buscar niveles de diálogos con instituciones públicas y gobiernos locales, sabiendo de los sistemas que provienen y junto a eso la base social comunitaria que tiene todos estos resabios machistas, conservadores, fundamentalistas, esa realidad me ha permitido entender la complejidad de los esfuerzos y que los procesos de transformación social son más lentos y algunos quizás no nos va alcanzar la vida para verlos”.

Más que un entramado social comunitario la Colectiva Feminista, opinó Alejandra, es un tejido social en donde trabajan articuladamente 2 o 3 organizaciones más, apostando a los derechos de las mujeres en el país.

“Como una organización que les ha formado y acompañado en parte de sus luchas, es importante destacar que las organizaciones en la mayoría de los casos no nos ven como una agencia de recursos, sino como aliadas, esto habla del trabajo de la Colectiva Feminista y sobre todo del Eje de Fortalecimiento Asociativo”, argumenta Alejandra.

Alejandra Burgo/ Foto Colectiva Feminista

Y esa compenetración o intercambio de los liderazgos en el territorio, administrados que se han construido desde el respeto y la consideración e inclusión de las identidades que cada grupo han formado un sobresaliente proceso de crecimiento y de transformación, como señala Irma Lima, quien considera que descentralizar desde la perspectiva de localidad permite conocer potencialidades y particularidades que existe en cada territorio que lo hacen particular.

“Cada territorio, a pesar que estamos en un mismo país, las desigualdades de género o por razones diversas constituyen diferentes medidas y problemas para las mujeres, jóvenes y personas sexo género disidentes, al presentar de manera diferentes formas y dimensiones, pero esto, nos permite retomar diferentes estrategias y acercarnos más y poder contribuir en la defensa de los derechos”.

“Y al hacer este liderazgo descentralizado se puede llegar a lugares en donde es difícil llegar muchas veces, zonas lejanas como la parte rural del departamento de Morazán donde muchas veces no llegan servicio a las mujeres, pero hemos llegado y hemos hablado de derechos reproductivos y sexuales, salud, vida libre de violencia para las mujeres, de su derecho de participación en decisiones de gobierno municipales en donde pocas veces se llega, esta apuesta territorial es lo mejor para la Colectiva que nos ha permitido llegar a la vida de las mujeres en el territorio, personas sexo género disidentes y juventudes para hacer incidencia conjunta.

“Aportar a la construcción de liderazgos descentralizados desde el trabajo en diferentes territorios, nos permite aportar a la lucha de los derechos de las mujeres, comprendiendo los contextos, realidades, limitantes y potencialidades particulares. Fortalecer liderazgos compartidos ha permitido la incidencia local para la defensa de Derechos de las Mujeres, juventudes y personas sexo genéricas” reiteró Irma.

En cuanto a los retos de la Agenda Feminista, Irma, vislumbra enfocar mayores esfuerzos ante el retroceso en materia de democracia en el país y la región, el temor ante el auge de posturas conservadoras, fundamentalistas y tradicionales pueden terminar dejando sin efecto muchos derechos conquistas de las luchas de las mujeres y otros grupos poblacionales.

“La Colectiva Feminista apoya un movimiento feminista más participativo más articulado para lograr mayor incidencia en la lucha social, que es parte de la esencia del movimiento feminista y buscar consensos para poder avanzar. No olvidemos que quienes hemos dado la cara ante estos retrocesos democráticos y posturas autoritarias hemos sido las mujeres, porque sabemos de la tentación de desarticular el movimiento social”

Esta ciudadanía, esta rebeldía más llena de vida de la Colectiva Feminista a sus 18 años de fundación que pronostican seguirá creciendo como la vida, no solo se constituye en una celebración sino también en el compromiso social por las mujeres quienes tomando conciencia de sus derechos y sus herramientas sociales pueden generar los cambios para un verdadero país democrático.

Con 18 años de vida organizativa en clave feminista, seguimos soñando con cambios deseados en el país y en nuestras vidas concretas, para que algún día, podamos vivir en una sociedad más justa, democrática, equitativa, igualitaria y MÁS FEMINISTA.

Irma Lima/ Foto Colectiva Feminista

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