¿De dónde viene y para qué ha servido el 28S?

Era el mes de noviembre de 1990, en una ciudad de playa argentina llamada San Bernardo. En esa época hacía frío.  Una ciudad que estaba vacía se convirtió en la sede del V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, alojando al menos a tres mil de las participantes que paseábamos por las calles, plazas y hacíamos uso de las instalaciones habilitadas para las cientos de actividades programadas y no programadas en el encuentro.

Por. Morena Herrera

Una de esas tardes me crucé con un rotulo que decía: Taller para hablar de aborto. Al entrar me encontré con un acalorado debate sobre cuál era la demanda a levantar, si se trataba de enfocar la lucha por la despenalización o si se debería aspirar a la legalización y regulación sanitaria como un derecho. No había duda de la importancia del tema, expresaba un problema y una realidad importante y sentida en la vida de las mujeres.

Esa tarde se acordó impulsar la conmemoración del 28 de Septiembre como fecha dedicada a la lucha por el aborto, y serían las condiciones en cada país y cada sociedad las que situarían el alcance de la demanda. Así nació el “28S”.

Todas las participantes nos comprometimos a llevar la noticia a nuestras organizaciones y movimientos feministas, asegurando que, en la medida de nuestras fuerzas, impulsaríamos actividades para articularlas en la Campaña 28S. 

Con los años, la coordinación de la campaña fue pasando de un país a otro, de un movimiento a otro, pero manteniendo iniciativas creativas. A veces movilizando recursos y, en otras ocasiones, con las uñas, pero siempre haciendo presente la movilización que entraña una realidad muy sentida y fundamental para la autonomía de las mujeres.

Han pasado 36 años de aquel taller y hemos visto cómo la Campaña 28 de Septiembre ha trascendido el continente latinoamericano y caribeño. Pese a todos los esfuerzos por acallarla se ha convertido en una emblemática fecha global de la agenda y de los feminismos en todo el mundo. 

Con la propuesta de feministas argentinas de Católicas por el Derecho a Decidir se acordó adoptar el pañuelo verde como símbolo de esta lucha. Cada quien hace y pone lo que quiere en el pañuelo, solo se mantiene la forma y el color.

 Desde entonces, en las plazas, calles, ciudades, casas, escuelas, universidades, en pueblos y lugares pequeños, en mochilas de colegios y bolsos de mujeres mayores, hemos visto el anudado y extendido pañuelo verde. También algunos hombres que apoyan esta lucha adoptan con orgullo este distintivo. 

¿Vale la pena preguntarse para qué ha servido el 28S?

Contar con una fecha y un acuerdo de movilización y lucha por el derecho a decidir ha sido fundamental para romper el silencio que ha predominado en torno al aborto. Aunque se trata de un problema sentido por muchas mujeres, adultas, jóvenes y adolescentes, también ha estado rodeado de mitos relacionados a la culpa y la vergüenza.

No se hablaba en voz alta o sólo se conversaba en susurros, con pena y culpa. Difícilmente se nombraba el alivio que sentían algunas después de la interrupción de un embarazo no deseado o que complicaba su salud y vida. 

Pero esta situación empezó a cambiar. En algunos países las organizaciones y movimientos feministas lograron establecer conversaciones serias en torno al aborto, debates jurídicos, de salud pública, de justicia social y derechos de las mujeres. Presentaron propuestas de cambio de leyes acuerpadas e impulsadas por crecientes movilizaciones sociales. 

La clandestinidad, el estigma y la vergüenza quedaron atrás con la afirmación pública y explícita del reconocimiento de un derecho de las mujeres y las personas con capacidad de gestar a decidir si quieren ser madres o no y cuándo serlo. La autonomía de los cuerpos entró como tema en las agendas públicas y democráticas.

No en todos los países se han logrado cambios legislativos y, en algunos pocos, como El Salvador, Nicaragua, Honduras y República Dominicana, las leyes incluso se endurecieron más y edificaron sistemas de persecución y castigo contra las mujeres que interrumpen un embarazo. 

Siguen existiendo embarazos impuestos. Hay niñas que son obligadas a convertirse en madres. No obstante, en algunos países se han conseguido condenas para los estados que no aseguraron el derecho de las niñas a interrumpir esos embarazos forzados. 

Por eso decimos que es cuestión de tiempo. Incluso en sociedades con sistemas extremadamente punitivos, donde quienes se llaman provida parecen estar mas interesados en el castigo y en promover los nacimientos, allí mismo, crece cada día la convicción de las mujeres sobre su legítimo derecho a vivir maternidades libremente elegidas. Y están seguras de que esta situación debe cambiar. 

No importan las rejas, las cárceles, los candados constitucionales y los discursos de odio que imponen desde sus lugares de privilegio y poder, porque las mujeres saben que están a favor de la vida, de sus vidas y la de otras, y este es un convencimiento que no podrán aplastar. Es un compromiso que seguimos haciendo presente cada 28S.

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Morena Herrera es activista feminista y defensora de derechos humanos, integrante de diversas organizaciones y movimientos sociales que defienden derechos en Centroamerica. Forma parte de La Movimienta regional por el derecho al aborto y las maternidades elegidas, promueve diálogos intergeneracionales, procesos de investigación y formación sobre laicidad del estado, ciudadanía y feminismos. Ha sido colitigante en los casos de Manuela y Beatriz en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.