Las maestras sostienen la educación pública entre despidos, sobrecarga laboral e incertidumbre

Mientras el himno a la maestra y al maestro exalta una labor sacrificada y reconocida, miles de docentes salvadoreñas enfrentan una realidad marcada por la precarización laboral, el miedo al despido y la defensa cotidiana del derecho a la educación, especialmente en las zonas rurales.

En este contexto, la conmemoración del Día de la Maestra ocurre en medio de preocupaciones por el futuro de la educación pública y por las condiciones en las que miles de mujeres continúan ejerciendo la docencia en el país.

Por. Redacción

Las mujeres representan el 92% del magisterio nacional, según el Frente Magisterial Salvadoreño (FMS). Son ellas quienes, además de enseñar, preparan clases, recorren largas distancias para llegar a escuelas rurales y enfrentan las consecuencias de un sistema educativo que atraviesa uno de sus momentos más complejos.

Cualquier transformación, recorte o medida administrativa dentro del sistema educativo impacta directamente sobre miles de mujeres trabajadoras. Se trata de docentes que han dedicado años a su formación profesional para acceder a una plaza que históricamente ha sido limitada y altamente competitiva. 

La situación se vuelve más compleja en las zonas rurales, donde algunas maestras atienden simultáneamente a estudiantes de diferentes edades y niveles educativos. Existen casos de docentes que trabajan en aulas multigrado, atendiendo desde niños y niñas de parvularia hasta estudiantes de tercer grado, lo que implica preparar materiales diferenciados y adaptar metodologías para cada grupo etario.

“Dulce himno, cantemos de gloria al maestro en su abnegada labor”, dice una de las estrofas del Himno al Maestro. La frase, que durante años ha servido para exaltar la labor docente, adquiere hoy un significado distinto para las mujeres que sostienen gran parte de la educación pública salvadoreña”.

Retomando esa estrofa, la representante del Frente Magisterial Salvadoreño (FMS), considera que la llamada “abnegada labor” se traduce actualmente en sobrecarga de trabajo, incertidumbre laboral y esfuerzos cotidianos para garantizar el acceso a la educación en comunidades que enfrentan diversas limitaciones. 

Mientras el discurso oficial habla de modernización y transformación educativa, maestras y organizaciones magisteriales denuncian cierres de centros escolares, reducción de personal y un clima de temor que limita la denuncia de las problemáticas que enfrentan. 

Ser maestra en El Salvador implica mucho más que impartir clases. En las zonas rurales, atienden simultáneamente a estudiantes de diferentes edades y grados en una misma aula. Otras recorren largas distancias para llegar a sus centros escolares.  A ello se suman las tareas de cuidado que muchas desempeñan en sus hogares.

Para la maestra  Idalia, esta situación es compleja para las docentes, en varios puntos del país, ya que las y los estudiantes continúan recibiendo clases en espacios provisionales mientras avanzan procesos de intervención en las escuelas. Bajo árboles, en corredores comunales o en estructuras improvisadas, maestras, padres y madres organizados intentan mantener activo el proceso educativo pese a las limitaciones

Aunque la jornada oficial de clases tiene horarios definidos, gran parte del trabajo docente continúa fuera del centro educativo.

La planificación de contenidos, la revisión de cuadernos, la preparación de evaluaciones y la elaboración de materiales pedagógicos suelen realizarse en casa, esta realidad ha incrementado significativamente la carga laboral de las maestras.

"Si quieren hacer otra labor pedagógica, se tienen que llevar esa gran cantidad de libros para su casa, esa gran cantidad de cuadernos y hoy vemos maestras que están cargando bolsas con material que se llevan a su casa. Ese trabajo lo hacen en casa", afirmó.

La presión laboral y la incertidumbre en el empleo también tienen consecuencias 

Existe preocupación por el incremento de enfermedades crónicas entre el personal docente, situación que atribuyen al estrés, la presión laboral y la incertidumbre sobre la estabilidad en el empleo.

“La presión constante y la sobrecarga de trabajo han comenzado a reflejarse en el incremento de enfermedades crónicas, maestras que han sido diagnosticadas con hipertensión y diabetes. Cada vez más maestras optan por acogerse a procesos de jubilación anticipada”, aseguró

A esto se suma, indicó, la preocupación por las dificultades en el acceso a servicios de salud especializados para el sector magisterial. 

A las preocupaciones por la salud y las condiciones laborales se suma un ambiente de incertidumbre que según el FMS, ha limitado la capacidad de las docentes para expresar públicamente sus inconformidades. De acuerdo con Zúniga, muchas maestras evitan denunciar problemáticas relacionadas con sus centros educativos por temor a posibles represalias o a perder oportunidades laborales dentro del sistema educativo.

De acuerdo con datos compartidos por el FMS, durante los últimos años se han registrado incrementos en los despidos de docentes. Zúniga afirma que la mayoría de las personas afectadas son mujeres debido a la composición del sector educativo. Hasta el primero de junio se han reportado 37 despidos, en su mayoría mujeres.

Esta situación genera especial preocupación entre las maestras interinas, quienes dependen de nombramientos temporales renovables cada año y enfrentan mayores niveles de incertidumbre respecto a la continuidad de sus plazas.

Más allá de las celebraciones por el Día de la Maestra, Zúniga considera que el principal reconocimiento para las docentes pasa por garantizar condiciones dignas para ejercer su profesión. Aseguró que son las maestras quienes continúan sosteniendo el sistema educativo pese a la sobrecarga laboral, la incertidumbre sobre sus plazas y las dificultades que enfrentan en muchas comunidades del país.

“Hoy por hoy nadie les está cantando esos dulces himnos. Lo que están recibiendo son amenazas, hostigamientos y sobrecarga laboral”, afirmó.

Mientras tanto, miles de mujeres continúan llegando cada mañana a las aulas, muchas veces después de recorrer largas distancias y atender responsabilidades de cuidado. Son ellas quienes siguen sosteniendo gran parte de la educación pública salvadoreña, incluso en un contexto donde, según el magisterio, las condiciones para hacerlo son cada vez más complejas.