Casa Bruja realizó su primer campamento feminista: tejiendo resistencia y movimiento 

Foto/Paola Lorenzana 

Casa Bruja, un espacio colectivo feminista, realizó su primer campamento feminista autogestionado, dirigido a mujeres jóvenes. El encuentro se realizó en el parque de montaña «La Casa de Cristal», donde más de 30 mujeres, activistas y no activistas se juntaron para discutir sobre los feminismos, interseccionalidad,  derecho a decidir, violencia patriarcal y la autodefensa feminista a través del arte y el escrache. 

El encuentro propició un diálogo necesario sobre las demandas de las mujeres, la necesidad del debate al interior del movimiento feminista, y la apuesta por la autonomía. En las reflexiones sobre el derecho a decidir se planteó que el aborto es una deuda histórica que ha pasado por la Asamblea Legislativa y ningún partido político ha querido asumir, pese a que alguno se llaman pro derechos humanos. 

 “Hoy más claras que nunca y por los 37 embarazos diarios en niñas y adolescentes del 2020, necesitamos legislar a favor de las niñas y las mujeres, por su salud y vida; seguir con la penalización absoluta del aborto es seguir perpetrando las desigualdades sociales, la violencia y pobreza en El Salvador”, fue algunas de las conclusiones. 

Foto/Paola Lorenzana 

En la discusión sobre feminismos, interseccionalidad y violencia patriarcal se habló sobre cómo las violencias sistemáticas oprimen los cuerpos de las mujeres, pero que esas opresiones pasan de manera diferente, dependiendo de la clase, etnia, orientación e identidad de género, entre otras. Dichas lecturas se dieron a partir del enfoque interseccional y los feminismos. También se discutió sobre el Estado como un administrador de la violencia contra las mujeres y la necesidad de enfrentar al sistema desde difrentes trincheras. 

En el tema de autodefensa feminista a través del arte y el escrache se posicionó que ante un sistema y una institucionalidad llamada Estado que agrede y ejerce su función en detrimento de las mujeres, resistimos desde nuestras propias herramientas.

“El arte no solamente como forma de resistencia, también como un vínculo entre nosotras cuando nos reunimos para la creación, concluimos que es pertinente y necesario que nos organicemos, que vandalismos, que denunciemos, que creemos artísticamente, con nosotras y para nosotras, dándole vida a nuestras propias formas artísticas, que nuestros museos sean las calles, ese espacio donde constantemente somos agredidas y del cual se nos ha expropiado de forma material y simbólica”. Fue una de las conclusiones. 

Foto/ Keyla Cáceres 

También se reflexionó sobre construir un pensamiento propio “nuestro quehacer feminista desde el arte, el performance y el escrache como herramientas de auto cuido y cuido de las otras, nos encontramos en un momento en que necesitamos agruparnos para accionar y aunque para cierta parte de la población “esas no sean las formas”, nosotras sabemos que ningún derecho ha sido conquistado en base al respeto de una norma que nos oprime”.

El campamento feminista se realizó en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y se pretende realizar todos los años. 

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