La emergencia ha evidenciado que las mujeres somos las que protegemos y preservamos la vida -Por Zulma Larín-

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Por Zulma Larín

El COVID19, los rostros, pensamientos, acciones y sentido común de las mujeres de mi país.

Quiero comenzar estas líneas dándome terapia personal como mujer, reconociendo que hay fuerza en cómo enfrentar esta crisis en medio de tanta pobreza en que vive mi pueblo y en especial las mujeres de los caseríos y cantones de mi país. 

Tiempos de la verdad desnuda desde nosotras las mujeres trabajadoras, pequeñas productoras, obreras, amas de casa sin adjetivos donde las palabras y los hechos no pueden ir por separado, nosotras las mujeres queremos provocar que la economía de los cuidados esté al centro de la vida y que esta pandemia ha evidenciado, que quienes se movilizan, protegen, preservan la vida somos las mujeres; con los testimonios de mujeres que están dando la pelea en sus comunidades podemos afirmar que una nueva economía debe poner al centro de la acción política a las mujeres para la toma de decisiones.

Estoy pensando en doña Cristela Majano del caserío la Loma, en el municipio de Osicala, al norte de la ciudad de Morazán que tiene un problema de salud crónico, pero que allí seguramente está en acción por la salud de las mujeres de su comunidad y por el cuido incansable del bien hídrico de su caserío.

Recuerdo a Betty Claros, que, caminando por las veredas de todo el municipio anda activando el sistema de «Alerta Temprana» para orientar como deben llevar las medidas de prevención para que el virus no llegue a su municipio El Rosario. También pienso en la profesora Pastora Argueta del municipio de Jocoaitique que está aprovechando para escribir y repensarse cómo será la vida que ha soñado desde niña, y ahora que estamos más vulnerables, pienso mucho en ella por su problema crónico de salud en los bronquios porque la vuelve más sensible para contraer el virus de la pandemia, pero ella tiene claro que son las mujeres que están llevando la carga en los cuidados y en muchos casos también tienen que garantizar el dinero en la economía familiar.

Asimismo, me llena de energía y valor como Alicia Rivas está organizando a las mujeres para que el virus no vaya pasar a su comunidad ya que ellas viven en una zona fronteriza, y como medida de autocuidado decidimos no salir a la calle para no contagiarnos. Ella también me contaba que el beneficio económico de los $300 ofrecido por el gobierno no les ha salido a las mujeres de su organización, y me dice: “¿no sé qué criterio ha tomado el gobierno para no dárselos a las Mujeres?… porque fíjate que aquí son las mujeres las que llevan la carga de los cuidados y se ocupan que haya alimentación en los hogares, y no es por nada, pero hay un hogar donde le salió el beneficio a los tres hijos y a el hombre y eso es injusto, pero ¿qué podemos hacer? si es una decisión del gobierno».

Por otra parte, me viene a mi mente Rosa Isabas del municipio de Cuisnahuat, departamento de Sonsonate, que con su fuerza y liderazgo me llama y me dice: “mire yo aquí estoy organizando para que levanten censo porque a este municipio no ha llegado la ayuda de los $300 y las mujeres acá viven una situación dura y con esta pandemia se agrega que debemos de dar atención psicológica y nos volvemos como pulpas (femenino de pulpo), para no dejar morir de hambre a los hijos/as”.

Otra gran lideresa es Susana Castro del caserío el Jícaro en Mercedes Umaña, departamento de Usulután,  que con sus cuidados  no pueden permitir que el virus llegue a su caserío, pero la labor no se limita a su caserío nada más, sino que se expande a otros dentro de su municipio es ella la que está al tanto de llamar a las mujeres para saber ¿cómo están las compañeras en las casas? y me dice con mucho dolor “pues mira a las mujeres acá, nos está trayendo más trabajo del que ya teníamos históricamente, ya que ahora se suma que tenemos que dar atención psicológica” en medio del encierro por las medidas de seguridad».

Tampoco no se me pueden olvidar las mujeres del municipio de Nuevo Edén de San Juan, en San Miguel, Marta, Dinora, Ingrid, Lucita y Milita que con sus liderazgos está moviendo a las mujeres de los caseríos para ayudar en el cómo pueden accesar al sistema de verificación para saber si salen beneficiarias de los $300; pero la verdad se tiene que decir, comenta una de ellas, porque las mujeres en estos cantones no son dueñas de nada y si ese es el criterio, ellas no salen beneficiadas y tampoco sus parejas y eso causa mucha frustración ya que pueden lograr protegerse del virus para que no llegue a sus casas, pero el hambre no la podrán detener.

Mercedes Monge es otra lideresa, quien con su convicción, esperanza y entusiasmo ya venía trabajando en la defensa de la soberanía alimentaria desde su territorio la Esperanza en el municipio de Santiago Texacuangos. En este momento, la emergencia también la tiene ocupada preocupandose por saber cómo las mujeres están haciendo en sus casas para alimentar y cuidar a su familia. Ahora Mercedes crea espacios en WhatsApp y desde allí está orientando sobre cómo deben de cuidarse y cómo pueden aprovechar los conocimientos ya adquiridos para sembrar en pequeños espacios. También me comenta que ahora mucha gente le llama para preguntarle si tiene, hierbas, hortalizas, huevos en su casa que le pueda prestar o donar; en fin ahora “experimento como mujer la solidaridad en concreto con las mujeres de mi territorio».

Pero también no quiero olvidar que esta crisis tiene sus profundas raíces en el sistema patriarcal y capitalista en el que están subsumidas las mujeres. Hay una profunda crisis que ha puesto de manifiesto esta problemática sanitaria que nos está violentando aún más a las mujeres por estar más desprotegidas de las políticas públicas que llevan estos sistemas políticos en el mundo.

Zulma Larín es Coordinadora General de la Red de Ambientalistas Comunitarios de El Salvador (RACDES).

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