“Ni estamos locas, ni somos inestables, ni exageramos”

Por: Dinora Torres

Esta es la continuación de un escrito reflexivo que realicé desde mi experiencia clínica presencial en El Salvador y en línea en otros países, en el trabajo acompañando mujeres, adolescentes y personas en condiciones de vulnerabilidad. Este fue publicado en esta misma revista, en el año 2021, y lo denominé “Necesitamos más psicólogas feministas”, donde planteo la necesidad de aplicar más espacios de psicología feminista que cuestionen la psicología desde la práctica patriarcal que estigmatiza, psicopatologiza y revictimiza los sentires, pensares y actuares de las mujeres.

Entre etiquetas machistas, invalidación emocional, gaslighting y deslegitimación sobre nuestras emociones estamos un poco hartas, y es que desde llamarnos “locas”, “histéricas”, “exageradas”, “amargadas”, “inestables”, “tóxicas”, “depresivas”, “menopaúsicas”, “hormonales”. A mí sí, me agota y mucho; escucho a muchas mujeres que llegan buscando ayuda, cargadas de culpa, sintiéndose responsables, invalidando sus emociones y dudando de que sus historias o sus sentires son totalmente válidos y reales.

¿Qué tipo de sentires, pensares o actuares se espera de las mujeres? Porque de lo que sí podemos estar seguras es que dentro de la cultura patriarcal, desigual, violenta, misógina y androcéntrica que habitamos, se sigue esperando que las mujeres: No se quejen, que aguanten,  se sacrifiquen, sean incondicionales, se enojen pero de “ciertas formas”, que se entreguen al amor romántico a ciegas, que perdonen una y otra vez, que sufran como símbolo de ser buenas, relegadas a lo privado, las que son madres y dejan de ser personas, las que no tienen derecho a envejecer, las que no pueden engordar, las que deben ser heterosexuales, las que salvan y cuidan a todo el mundo,  y así un sinfín de estereotipos de género que solo generan una gran carga de estrés, ansiedad, episodios depresivos y padecimientos en la salud física y mental que no son producto de un problema individual, sino un asunto político, colectivo,  sistemático y estructural.

Entonces, ¿por qué es necesaria la psicoterapia feminista? 

Porque el machismo, la opresión y la falta de ética enferman el cuerpo y la mente de las mujeres, por eso la psicoterapia no puede ser neutral. 

Necesitamos derribar el estigma que rodea al término feminista; es urgente para abrir nuevas vías y miradas terapéuticas para abordar la intersección de las identidades sociales de todas las personas que acompañamos.

También podemos orientar acciones para desmantelar el sistema que oprime a las mujeres, y este no se cae solo, sino con la ayuda de que todas las personas hagan su parte. En el caso de las y los profesionales que ejercemos esta humana, ética y comprometida profesión, les invito a reflexionar y desaprender conocimientos adquiridos desde la academia, los cuales estuvieron marcados por raíces androcéntricas y patriarcales. 

La psicoterapia feminista nos ayuda a despatologizar muchos malestares emocionales que viven las mujeres, porque de lo contrario y sin perspectiva feminista, resulta más fácil reducir el sufrimiento, el dolor a algo individual, mirarlo como una “falla en la mente” que debe ser corregida, a reconocer que existen estructuras en la salud mental que lo generan y lo sostienen.

Continuar minimizando nuestros sentires, nuestras vivencias, nuestros dolores, nuestras quejas, nuestras historias es seguir siendo cómplices de la exigencia social y pública que nos priva de nombrarlo y darle un lugar a lo que está sucediendo.

A todas las que me leen quiero recordarles que sigamos nombrando lo que sentimos, lo que nos atraviesa, lo que nos duele, lo que nos ahoga, lo que nos hierve por dentro, lo que nos llena de ira, lo que nos entristece, lo que nos mueve. Quizás esto no se resuelva mágicamente al decirlo, pero nos permitirá ordenar, traer un poco de presencia, reconocer que nuestro sistema nervioso está alerta, que estamos sobreviviendo, que nuestras palabras nos humanizan, nos sacan del juicio y la dureza y nos acercan más a la autocompasión y la ternura, eso que tanta falta nos hace. 

No olviden que no estamos locas, no somos inestables, ni exageramos; estamos activadas, estamos sacando fuerza para decir: Esto me duele, esto no lo quiero, esto no me lo merezco, así no me gusta, esto sí lo quiero, valgo mucho y que lo personal es político.