Las madres son madres. No son madres y padres a la vez- por Gilda Murillo

Foto/cortesía

Por Gilda Murillo.

Twitter: @GilEMurillo

Las redes sociales y los medios de comunicación se llenan este día de mensajes de amor y agradecimiento para las madres, pero también se llenan de mensajes que exigen, tácitamente a las mujeres, maternidades sacrificadas, dolorosas y solitarias. Siempre es un debate, sobre el por qué las mujeres aguantan a sus agresores. Muchas de esas mujeres son madres, para quienes salir del círculo de violencia les representa dejar a sus hijas e hijos y, si así lo deciden, la sociedad las juzga fuertemente por hacerlo.

Se espera de ellas siempre un total y absoluto sacrificio por las demás personas, sobretodo de aquellas que están bajo su cuidado. En el día de la madre vemos mensajes sobre la santidad de la madre, el amor incondicional y lo abnegadas que son. La pregunta es, si estas carácteristicas están presentes en todas las mujeres o son las cualidades que les exigimos tener. Esa “santidad” muchas veces es la que las hace presas de sus agresores.

En este día de la madre, pensemos en la carga que ponemos sobre las mujeres y la maternidad. Muchas de ellas, a costa de la maternidad, han renunciado a sus sueños y aspiraciones, porque no todas lo han decidido y no para todas es el “mejor trabajo de sus vidas”. La cuarentena y el COVID-19 lo han reafirmado.

Las madres son madres, no se sustituyen funciones. No son madres y padres a la vez. Son madres y eso ya es suficiente presión como para pedirles que sean algo más. El decir que asumen otras funciones es porque les exigimos, incluso, cumplir deberes de una pareja ausente o de una red de apoyo ausente para ellas; romantizamos la maternidad, la pintamos con flores, pero es, en realidad, un deporte extremo.

En el día de la madre, pensemos en un mundo en función de las madres, no en exigirles más allá de aquello que el rol per se, les demanda. Pensemos en un mundo en el que las madres puedan cumplir sus propios sueños, tener sus propias ilusiones, en las que los sacrificios no sean su día a día.

Yo aspiro, y trabajo, por un El Salvador donde las madres puedan tener cubiertas sus necesidades como mujeres antes que madres, con autonomía para desarrollar sus propios proyectos, cumplir sus propios sueños y disfrutar sus propias pasiones.

Que la admiración a las madres se traduzca en toda una sociedad que las protege y que las acompaña en esa ardua labor que asegura, nada más y nada menos, que nuestra existencia.

 

Gilda Elena Murillo Mejía

Feminista, bailarina, estudiante de la maestría en Estudios de Género, licenciada en Relaciones Internacionales, empleada pública con formación y compromiso en temas de género y derechos humanos de las mujeres.

 

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