La sexta marcha acuática se realizó en el Lago de Güija, en el territorio guatemalteco. Con consignas y banderas, los países de El Salvador, Honduras y Guatemala expusieron sus demandas en contra de la Mina Era Dorada, antes conocida como Cerro Blanco y la pasividad de las autoridades por no tomar medidas que protejan el agua transfronteriza y sus comunidades.
Por redacción
¡El agua no se toca, la resistencia nos convoca!, ¡El agua no se vende, se cuida y se defiende! y ¡El agua es vida, no la minería!: con estas consignas, las mujeres gritaban con fuerza en el Lago de Güija. Sus voces representaban a las comunidades de Guatemala, El Salvador y Honduras que resisten a los proyectos de minería y de extractivismo que amenazan con la destrucción del medio ambiente.
La marcha acuática fue diferente esta vez. En su sexta edición, se realizó por primera vez en el Lago de Güija, del lado del territorio guatemalteco.La razón no fue casual: en El Salvador sigue vigente el Régimen de Excepción y existe la amenaza de persecución a las voces críticas y defensoras de derechos humanos.

El lago de Güija representa la conexión entre el Río Ostúa de Guatemala y el Río Lempa de El Salvador, como sus aguas convergen entre sí, la activación de la minería en Asunción Mita, no sólo afectaría a una comunidad sino que traspasaría las fronteras.
Sin embargo, esto no detuvo la unión de los tres países. En lanchas, con banderas y consignas, las organizaciones decidieron realizar la actividad en el país vecino como una demostración de que las comunidades siguen en resistencia ante la minería metálica transfronteriza de la Mina Era Dorada.


Las mujeres sostienen, ahora más que nunca, los tejidos y las alianzas entre los tres países, porque conocen las implicaciones de la minería metálica a sus territorios, su salud y el agua que consumen y usan en trabajos de cuidado.
En El Salvador, el río Lempa es la principal fuente de agua afectada ante cualquier actividad minera transfronteriza. “Las mujeres somos las que sostenemos la red de la vida, somos las que garantizamos el agua en nuestras comunidades afectivas, a nuestras familias” afirmó Tijax Rodríguez, ambientalista de El Salvador.
Debido a su vínculo cotidiano con los bienes naturales, son las mujeres las que siguen presionando y demandando justicia ambiental, pese a las restricciones que no solo afectan a las organizaciones, sino también a las comunidades.

En Honduras, una de las ambientalistas señaló la desaparición y los asesinatos a personas defensoras ambientales, así como el temor que esto genera en la población. Sin embargo, también hizo el llamado a unir fuerzas con las organizaciones y países que también enfrentan estos peligros.
Las mujeres ecofeministas de Asunción Mita siguen presionando para que Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala, y las autoridades municipales cierren definitivamente la mina y detengan las actividades de parte de la empresa Aura Minerals.
“No es nada fácil, pero sabemos y hemos demostrado que Asunción Mita ha dicho No a la minería por medio de la consulta popular legalmente válida”, dijo una de las participantes de Guatemala que pidió anonimato.
En el caso de El Salvador, solicitaron el cese del cierre del espacio cívico y la persecución a personas defensoras ambientales. Además, denunciaron los avances de la minería metálica y el interés de empresas mineras en el territorio.

Finalmente, el llamado conjunto de los tres países fue a proteger las aguas transfronterizas frente a las amenazas de las empresas extractivas; “¡La amenaza es clara, y para proteger la vida y el agua lo único que falta es voluntad política!”, concluyeron en su comunicado.
La marcha acuática contó con actos bio-culturales, iniciando con una ceremonia ancestral como una demostración de la conexión con la tierra en la cosmovisión indigena. Además, hubo participación de artistas circenses y de músicos que retoman el náhuatl en sus canciones con el propósito de su difusión y rescate de la lengua.