La policía no me cuida, me cuidan mis amigas -Por Katherine García-

Por Katherine García

Hablar de seguridad resulta un poco abstracto, aún más cuando hablamos de seguridad personal siendo mujeres en El Salvador. Quedan muchas dudas sobre cómo definir este concepto en la práctica, incluso cuestionar si esta existe en realidad.

Todas hemos experimentado la incómoda sensación de caminar solas por la noche, cambiarnos de asiento en el autobús o que nos griten desde un carro; nuestras anécdotas empiezan describiendo el miedo, lo vulnerables que nos hacen sentir los hombres en espacios públicos. Estas situaciones no son nuevas, incluso son parte de nuestras consignas dentro del Movimiento Feminista ya que el miedo es sistémico, es una realidad constante para nosotras las mujeres. 

A inicio del mes de mayo en Chalchuapa, departamento de Santa Ana, se capturó al expolicía Hugo Ernesto Osorio Chávez catalogado como “asesino serial”. En lo personal, lo considero FEMINICIDA SERIAL, quien hoy está en el ojo público nacional e internacional por la cantidad de cuerpos localizados en el lugar que operaba. El número de víctimas oscila entre 45 a 50 cuerpos, en su mayoría mujeres de diversas edades con hallazgos de violación sexual.

Esta noticia nos tiene aterradas a todas, ya que no es primera vez que una persona de esta institución de seguridad pública comete un delito de feminicidio y violación. Tenemos otros datos públicos como el caso de Carla Ayala, agente de la Policía Nacional Civil, y Lorena Beatriz Hernández Quintanilla, asesinada por otro policía estando en guardia dentro de la delegación de la Zacamil, hecho ocurrido en el municipio de Mejicanos en San Salvador, el 1 de enero del 2019.

Ante estos casos, los mensajes promovidos por algunos medios de comunicación irresponsables así como la misma Fiscalía General de la República expresan escenarios tales como “los padres deberían de cuidar más a sus hijas” o “las mujeres deberían de tener cuidado con quienes se comunican en redes sociales”. Este tipo de enunciados siempre reiteran que tenemos que cuidarnos a nosotras mismas y nos responsabiliza de nuestras muertes, como culpas o errores por no tener “cuidado de con quienes nos relacionamos”. 

El Movimiento Feminista ha recogido durante años este sentir de inseguridad de nuestros hogares, calles y el miedo que nos trasmiten los agentes de cuerpos de seguridad bajo la consigna A Mí NO ME CUIDA LA POLICÍA, ME CUIDAN MIS AMIGAS”.

El enojo que nos provocan estas situaciones de violencia hacia las mujeres nos lleva a manifestarnos, como sucedió en la pasada marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Nuestras expresiones como parte del Movimiento Feminista fueron condenadas y señaladas como exageración, vandalismo y hasta violencia. Los argumentos siempre son “denuncien” pero no confiamos en las instituciones que “brindan la garantía de seguridad” cuando existen pruebas que dentro de ellas existe la misoginia y feminicidas.

Tal vez al leer esto dirán que la mayoría de estos casos han sido procesados, y es correcto, pero las medidas penales dadas son cortas, como fue el caso del feminicida en Chalchuapa, quien hace 15 años recibió la condena de 5 años de medida de internamiento por agresión sexual. 

¿Denunciar? es una opción que no garantiza nuestra seguridad. Nosotras hemos creado medidas de seguridad propias, espacios seguros y nos privamos de nuestra libertad de tránsito a ciertas horas de la noche para seguir con vida, ya que las mujeres no vivimos, sino que sobrevivimos en El Salvador. 

Katherine García estudiante de la licenciatura en trabajo social, feminista, defensora de derechos humanos de las personas privadas y ex privadas de libertad, y miembra de distintos espacios de incidencia social, política del país.

1 Comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*