¡Que resuene fuerte: nos queremos vivas!

Por Keyla Cáceres 

Este 25 de noviembre nos encontramos con mucho dolor, pero también con mucha rabia. Este 2020 nos puso contra la pared: contra nuestros agresores. Nos encerraron a sobrevivir con violadores, feminicidas y hombres que consideran que estamos para servirles en todas sus dimensiones. Los medios, a través de programas como “Viva la Mañana”, nos pusieron en evidencia que somos las cuidadoras de los hogares en su conjunto y que la corresponsabilidad del hogar sigue siendo una deuda, que mientras la “economía” se detuvo las mujeres sostuvimos al sistema patriarcal y capitalista con nuestra doble o triples jornadas.

Además, desde el gobierno central se orquestaron ataques contra mujeres como Cristina Cornejo y Bertha De León, mujeres que fueron críticas ante el manejo de la pandemia y ejercieron su derecho a la participación ciudadana, las atacaron, las acosaron hasta de muerte y hasta se les amenazó con violarlas. Con lo anterior siempre nos queda claro que el único territorio que realmente nos pertenece (el cuerpo) lo podían utilizar y desechar, esa es la cultura de violación que persiste en El Salvador. Los argumentos contra estas mujeres así como contra las periodistas y defensoras de DDHH nunca fueron sustentados ante la legislación, economía o con argumentos que no tuvieran que ver con la misoginia y la discriminación por ser mujeres.

Pero, esto no fue todo. A las mujeres nos dijeron que en este 2020  estamos un 61% más seguras. Sin embargo, lo que no nos dijo ni el presidente, ni la directora o presidenta del ISDEMU es que en abril se reportaron 15 feminicidios y 10 en el mes de mayo, dos meses donde se dieron las medidas de cuarentena domiciliar más fuertes para controlar el virus. Debido a esto nos quedó claro que, antes que el virus nos matara, el machismo se hizo presente en la vida de Zulma Valencia y Yessenia Menjívar. Una muestra de ello es que según datos oficiales antes que se llegaran a 10 muertes de COVID-19 ya se reportaban más de 13 feminicidios, durante el confinamiento obligatorio, lo que ha llegado a sumar 84 feminicidios hasta septiembre.

No bastando con los feminicidios, durante la cuarenta la violencia dentro de los hogares se elevó hasta un 40% más de lo que reportó en el 2020, hasta septiembre se reportaron 379 inscripciones al sistema de salud por embarazo que significa un aumento del 79%  más que en 2019, entre diciembre del presente y marzo del próximo año 379 niñas serán madres. Lo anterior, vuelve cada día más lejana la consigna que en un país justo las niñas son niñas y no madres.  No dejaremos de insistir que es necesario despenalizar el aborto por la salud y vida de las mujeres, así como que en cada salón de clase presencial o aula virtual se enseñe a prevenir la violencia sexual y todo tipo de violencia desde la educación integral en sexualidad, dos deudas pendiente hasta la fecha.

Las 9 709 inscripciones de embarazos en jóvenes de 15 a 19 años también nos dice que seguimos con una pandemia silenciosa y mortal: los embarazos en adolescentes y jóvenes, que no están lejanos de la violencia sexual. En este sentido, hasta septiembre se reportaron 759 atenciones por violencia sexual, cabe destacar: esta fue la primera vez  que se les atendió dentro del sistema de salud público, de estás el 94% fueron mujeres y niñas, ya que de 10 atenciones 8 fueron para niñas menores de 18 años. Es por eso que no dejaremos de decir que en este país los cuerpos de las mujeres y niñas son carne que se utiliza y se desecha sin ningún castigo.

Por otro lado, no podemos dejar de mencionar que aunque se realicen denuncias pocos casos son judicializados y condenados, como: feminicidios o violencia sexual. Se reportaba que un 8.5% de las muertes de mujeres procesadas durante los últimos ocho años se han logrado probar que ocurrió un feminicidio, lo que significa que se está dejando en libertad, impunidad y olvido a las mujeres que el patriarcado nos arrebató. Por eso la consigna de nuestra marcha es: QUE RESUENE FUERTE que nos queremos vivas,  justicia,  libertad y condena a nuestros agresores.

Este 25 noviembre las invito que nos tomemos las calles, redes y nuestras energías para que no dejemos de nombrar a las que ya no están, para que las madres, hermanas y amigas de las víctimas de feminicidios no se sientan solas porque la memoria de Fernanda, Priscila, Carla Ayala, Zulma, Yessenia, Beatriz, Manuela y las miles que el patriarcado nos arrebato no se apaguen en el olvido.

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