Ser gorda era peor que ser feminista -Por Edith Elizondo-

Foto/Cortesía

Por Edith Elizondo, feminista y artista

Algunas veces encuentro fotos viejas de cuando creía que estaba gorda, pero en realidad era delgada, pues pesaba 110 libras y medía un metro cincuenta y nueve y la verdad es que cuando yo era flaca me sentía gorda y fea, llena de celulitis, barrigona, pero ahora sí soy gorda.

Jamás le creía a un hombre cuando me decía que era bonita o que era guapa, siempre encontraba algo para decir que yo era fea, hacía mención a mis cejas, mis dientes, la barriga, los labios demasiado finos, los pechos ultra pequeños ¡Qué trauma el de los pechos!. A esto le añadimos que tenía un miedo irracional a engordar, muchas veces comía y vomitaba porque me sentía gorda, nadie nunca me había advertido de que tenerle un rechazo profundo a engordar era nada más que esa gordofobia interiorizada, que puede afectar a mujeres que no tienen sobrepeso.

Ahora sé que estas actitudes son micro machismos, que vienen principalmente de la publicidad y que son parte de una cultura que le exige mucho a las mujeres y que enaltece la delgadez. A nosotras las mujeres siempre se nos ha exigido más mientras que a los hombres se les permite engordar y nadie los critica.

La gordura que cambió mi vida viene con sus propios códigos, sus propios problemas y soluciones, desafíos que no entiende quien no ha sido gorda. Una de las palabras que más me marcó estando dentro de un espacio de mujeres feministas fue cuando una compañera del colectivo en un almuerzo entre comentarios dijo “yo si fuera gorda me mató”.

En ese momento me sentía muy mal por no poder adelgazar en esa etapa de mi vida y sus palabras fueron tan dolorosas. Es curioso porque a lo largo de mi vida he sido muy valiente y todas esas situaciones, por sencillas que parecieran, me causaban mucho dolor.

Ahora soy gorda, antes era flaca. El dolor es el mismo con el tiempo. Fui reconociendo que todos los cuerpos son válidos sin importar sus formas lo cual no quiere decir que no se tambalee mi autoestima un día sí y otro no, sobre todo cuando me veo al espejo.

Lo importante es hay una autoestima que tambalear, una que no existía cuando era flaca. Me hubiera encantado saber las cosas que sé ahora.

Quisiera decirle a la Edith de 14 años que no era fea, que no merecía haber sido tratada como lo fui, que era hermosa y diversa.

Quiero que las niñas y adolescentes que son gorditas vean a otras mujeres que tengan las referencias que yo no tuve de cuerpos diversos empoderados, que no somos monstruos, que nos merecemos más y que no tenemos que confórmanos con lo que tenemos.

Para mí el activismo gordo fue mi respuesta para reaccionar contra la violencia social hacia los cuerpos diversos, tiene un posicionamiento político y filosófico con fuerte consistencia literaria y artística.

Cambiar este paradigma cuesta porque muchas veces es algo personal y el castigo es hacia una misma, pero estoy convencida de que vamos entendiendo que la percepción de las corporalidades tiene que cambiar.

3 Comments

  1. Gracias por compartir tu experiencia, me sentí altamente espejada. Cuando adolescente y veinteañera tenía trauma de gorda, ahora veo fotos y sí, siempre fui carnudita; pero la verdad es que mis amigas eran particularmente flacas… Cómo me hubiera encantado poder tener entonces un acercamiento a movimientos feministas, pero todo llega en su momento; ahora con tanta red social las mujeres y la sociedad en general debemos cuidar más la salud mental y el autoconcepto de nuestras niñas

  2. Gracias por compartir. En mi caso es lo opuesto. Siempre he sido flaca, y me he sentido devalorada por mi apariencia. Todo mi adolescencia sufrí mucho por mi apariencia tan delgadita. La gente me hacia comentarios que por flaquita no tenia novio, que a los hombres les gustan rellenitas, y cosas asi. Luego de muchos años he aprendido a amarme. Y como en tu caso, hay momentos que me siento mal por no ser un poco robusta.

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