Poniendo fin al COVID-19: cómo salvaguardar la salud y los derechos de las mujeres y las niñas- Naciones Unidas

Foto: Reiny Ponce/ Archivo

Foto/Reina Ponce

Vía Naciones Unidas

La crisis del COVID-19 se ha cobrado un precio enorme en personas, comunidades y economías de todo el mundo. Pero no todos se ven afectados por igual. Las mujeres, que representan la mayor parte del personal sanitario de primera línea, por ejemplo, están desproporcionadamente expuestas al coronavirus. Las cadenas de suministro en todo el mundo están siendo interrumpidas, afectando la disponibilidad de anticonceptivos y aumentando el riesgo de embarazos no deseados. A medida que los países están bloqueados y los sistemas de salud luchan por hacer frente al coronavirus, los servicios de salud sexual y reproductiva están siendo marginados y la violencia de género va en aumento.

Recientes investigaciones del UNFPA han destacado que, alrededor de 47 millones de mujeres en 114 países de ingreso bajo y mediano no podrán utilizar anticonceptivos modernos si las medidas comunes de confinamiento, o las afectaciones relacionadas con la COVID-19, continúan causando interrupciones significativas de los servicios durante 6 meses, lo que resultaría en 7 millones de embarazos no deseados. También se pueden esperar 31 millones de casos adicionales de violencia de género. La interrupción de los programas del UNFPA en el terreno podría provocar 2 millones de casos de mutilación genital femenina y 13 millones de matrimonios infantiles entre 2020 y 2030 que podrían haberse evitado.

Además, las mujeres trabajan desproporcionadamente en mercados laborales inseguros y se ven más afectadas por los impactos económicos del COVID-19. Casi el 60 por ciento de las mujeres en todo el mundo trabajan en la economía informal, con mayor riesgo de caer en la pobreza. El trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres ha aumentado como resultado del cierre de escuelas y las mayores necesidades de las personas mayores.

La pandemia está afectando particularmente a las comunidades marginadas, profundizando las desigualdades y amenazando con retrasarnos en nuestros esfuerzos por no dejar a nadie atrás. Nuestra respuesta al COVID-19 en todos los países es crítica y determinará qué tan rápido se recupera el mundo y si logramos los Objetivos de Desarrollo Sostenible o no.

El ajedrez actual también ofrece oportunidades importantes en la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de desarrollo sostenible , incluido el fortalecimiento de la educación, la realización de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas y el fomento de la inclusión, la tolerancia, la comprensión y el respeto mutuos.

Tendencias demográficas

Tuvieron que transcurrir cientos de miles de años para que la población mundial creciera hasta alcanzar los 1 000 millones de habitantes, y solo en unos 200 años más se multiplicó por siete. En 2011, la población mundial alcanzó la cuota de los 7 000 millones de personas y se prevé que aumente hasta los 8 500 millones para 2030, 9 700 millones en 2050 y 10 900 millones en 2100.

Este espectacular crecimiento se ha visto impulsado por el creciente número de personas que llegan a la edad reproductiva, y ha venido acompañado de cambios importantes en las tasas de fecundidad, el aumento de la urbanización y la aceleración de la migración. Estas tendencias tendrán consecuencias de largo alcance para las futuras generaciones.

En el pasado reciente se han registrado cambios notables en las tasas de fecundidad y en la esperanza de vida. A comienzos de la década de 1970, las mujeres tenían una media de 4,5 hijos cada una; en 2015, la fecundidad total mundial había caído hasta unos 2,5 hijos por mujer. Mientras tanto, la vida media de una persona ha aumentado de 64,6 años a comienzos de la década de 1990 hasta 72,6 años en 2019.

Por otra parte, en el mundo se registran unos elevados niveles de urbanización y una aceleración de la migración. En 2007, por primera vez, vivieron más personas en zonas urbanas que en zonas rurales, y en 2050 alrededor del 66% de la población mundial vivirá en ciudades.

Estas megatendencias tienen consecuencias de gran alcance. Afectan al desarrollo económico, al empleo, a la distribución de la renta, a la pobreza y a las protecciones sociales. Asimismo, repercuten en los esfuerzos por garantizar el acceso universal a la atención médica, la educación, la vivienda, el saneamiento, el agua, los alimentos y la energía. Para satisfacer de manera más sostenible las necesidades de las personas, los encargados de la formulación de políticas deben saber cuántas personas viven en el Planeta, dónde se encuentran, qué edad tienen y cuántas personas habrá en el futuro.

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