Los ciclos del poder y el retroceso de los derechos de las mujeres

Foto: Sara Hernández

Siempre he pensado que los cambios de gobierno se dan por ciclos. Hay temporadas en las que quienes asumen la conducción de los pueblos son partidos políticos ubicados en algún nivel de la izquierda, y en otros periodos predominan partidos de tendencia derechista.

Por: Fidelina Martínez Castro

En la actualidad, parecería que estamos ante una oleada de gobiernos ideologizados por principios de derecha. Y aun cuando esas tendencias —izquierda y derecha— ya no tienen el significado ni la pureza del pasado, siguen conservando características que las ubican dentro de esas corrientes, aunque también presenten diferencias.

Por ejemplo, están los llamados gobiernos híbridos, que combinan rasgos de autocracia con elementos de democracia. Este tipo de gobiernos puede surgir tanto desde la izquierda como desde la derecha, reorganizando las instituciones públicas para tener mayor control del poder del Estado y, muchas veces, para permanecer indefinidamente en el órgano Ejecutivo.

La realidad es que cuando han gobernado las izquierdas, la población que históricamente ha sufrido diversas limitaciones suele sentirse ilusionada con aspiraciones de cambio, libertad, democracia y justicia social.

Sin embargo, con el paso del tiempo, cuando algunos gobernantes se acomodan a los buenos salarios, las prebendas y los viajes asociados a los cargos obtenidos, se olvidan de las promesas discursivas y de las necesidades de la población. Es entonces cuando las mayorías se sienten desencantadas y comienzan a buscar opciones diferentes que, de alguna manera, respondan a sus aspiraciones.

Es en ese contexto de frustración donde suelen aprovechar los partidos híbridos o de derecha, que en muchos casos son conservadores y se oponen a transformaciones que harían a las sociedades más inclusivas. Con frecuencia, intentan perpetuar patrones culturales de sometimiento, especialmente hacia las mujeres.

Cuando logran consolidarse en el poder, impulsan cambios constitucionales y administrativos que les permitan mantenerse en el control del Ejecutivo. Esto suele implicar el irrespeto al Estado constitucional de derecho, debilitando la división de poderes y restando autonomía a los otros órganos del Estado, como el Legislativo y el Judicial.

Ante esta situación, algunos gobiernos de derecha —así como los caracterizados actualmente como híbridos— ignoran o minimizan los derechos de las mujeres. Además, suelen desconocer los avances que los movimientos feministas y de mujeres han logrado con gran esfuerzo.

En muchos casos recortan o eliminan instituciones, presupuestos y personal que antes se dedicaban a fortalecer esos espacios conquistados. El resultado es que, cada vez más, las mujeres se encuentran desprotegidas y vulneradas en sus derechos.

El abuso de autoridad no hace más que infundir miedo. Muchas mujeres se sienten limitadas para defender sus derechos individuales, mientras que en estos gobiernos se priorizan concepciones conservadoras que solo exaltan a las mujeres en sus papeles de madres y esposas, como ocurría en el pasado.

En este contexto se puede comprender por qué algunos hombres son más propensos a defender posturas autoritarias que sostienen visiones conservadoras. Un estudio realizado en 2024 por el periodista del Financial Times, John Burn-Murdoch, revela que los hombres jóvenes —de las generaciones Z y millennial— son actualmente más conservadores que las mujeres.

Ellas, posiblemente por haber sido históricamente víctimas del autoritarismo del patriarcado, comprenden mejor que este resulta perjudicial para el desarrollo humano. Aunque durante muchos años fueron más obedientes a los mandatos religiosos y más influenciadas por las jerarquías eclesiásticas, cada vez más mujeres están reconociendo que las creencias religiosas pertenecen al ámbito privado.

También comprenden que el autoritarismo, en cualquier esfera de la vida —sea política, familiar, económica o religiosa— debe ser rechazado por mujeres y hombres. Ambos tenemos la capacidad y la dignidad de tomar nuestras propias decisiones y de buscar nuestra felicidad.