Estamos en esos días en los que mirar y habitar la realidad duele.
Días en los que el país se nos vuelve un cuarto sin ventanas.
En los que una desea, aunque sea por un instante, que los futuros distópicos sean reales… porque la simulación, al menos, ofrece escape.
Por Memena Rivera
No tenía ganas de series infinitas, ni de algoritmos que me invitaran a evadir. Pero terminé en Black Mirror, como quien busca señales en el humo, Hotel Reverie, sexta temporada, tercer capítulo.
Y ahí, en medio del artificio digital, el amor entre mujeres se desplegó como muy pocas veces lo encuentro en estos espacios.
El amor entre mujeres se siente así, como ese capítulo: como ese huequito secreto en el pecho donde cabe todo. La tristeza, la complicidad, las confesiones que no se le hacen a nadie, los miedos, el dolor, las alegrías. Todo eso —profundo, íntimo y vulnerable— se entrelazan para formar algo que trasciende el deseo. Algo más profundo.
En la historia, dos mujeres se encuentran en un mundo diseñado para mentir, para repetir, para distraer. Pero se miran. De verdad. Y en ese mirar, una escucha el eco del mundo interior de la otra. El simulacro se rompe. Y por unos segundos —eternos— todo se vuelve posible. ¿No es eso lo que buscamos cuando ya no podemos confiar en nada más?
En este país que insiste en convertirse en espejo negro, el amor entre mujeres sigue siendo resistencia. Una que sobrevive a las desapariciones, a los silencios impuestos, a las narrativas limitantes.
«I’m yours forever more», una frase que paradójicamente es la que rompe el tan deseado para siempre, porque sé lo que es quedarse en algo que no promete nada… y que, sin embargo, lo significa todo.
No sé si todos los amores se viven así, pero tengo la certeza de que entre mujeres hay una profundidad distinta. Una sensibilidad que, cuando encuentra resonancia, se vuelve canción infinita. Una que no pide permiso para existir.
Gracias, Black Mirror, por mostrar ese amor que muchas vivimos y pocas veces vemos representado. No sabía cuánto lo necesitaba… Ahora más que nunca.
Memena Rivera es compositora, multi instrumentista, musicoterapeuta, integrante del colectivo de artistas Las Musas Desconectadas. Durante su carrera artística se ha destacado por composiciones dirigidas a la defensa de los derechos humanos y con enfoque feminista. Actualmente, co autora del programa banda de colores dirigido a personas neodivergentes.