Feminista en tiempos de pandemia

Paola Lorenzana


#LasIncómodas #SiempreIncorrecta #SoyFeminista

Estos días de encierro he podido leer muchísimo, no por exceso de tiempo, sino por exceso de estímulo sensorial. Todo, en el encierro ha estado en alerta, latente, expectante. Todo mi ser. Yo me reconozco artista feminista, a veces más, a veces menos consciente y muchas veces en total cuestionamiento. Entender el mundo en pandemia desde mi espacio seguro, mis privilegios, mis incertidumbres y mis peculiaridades no ha sido sencillo, ha sido un momento de cuestionamiento profundo para la humanidad. Ha sido de cuestionamiento profundo para mí.

He podido leer el mundo desde ese lugar, ha podido dolerme el ser mujer en esta realidad. He tenido que desabrochar el cinturón de seguridad mil veces para ser en ese lugar consciente que no me abandona: el ser artista feminista. Desabroché ese cinturón. A veces lo necesito para no incendiar mi espacio, lo necesité para no salir en plena cuarentena a intervenir las calles por los primeros feminicidios.

No soy tan potente como las mujeres que en México están tomando espacios de poder donde se concreta la impunidad, la corrupción y las componendas patriarcales para proteger a agresores, violadores, tratantes, entre otros. No tengo la fuerza de las Amorales para salir a las calles a acompañar a las mujeres. No tengo la valentía de las casi 200 mujeres afectadas por los atropellos de los dueños de la Fábrica Florenzi para tomar las calles luchando por sus derechos.

Hay números que me hacen sacarme el cinturón de seguridad, el del privilegio: los 71 feminicidios  las 712 consultas por agresiones sexuales, todos estos registrados por el observatorio de violencia de ORMUSA en este periodo de pandemia. Hacerlo ha significado procesos diferentes, diversos y alternativos para la lucha feminista y como artista feminista ha sido un reto. 

Dejé de escribir mis piezas, de concretar mis dolores fuera de mi cuerpo. Las violencias me golpean el cuerpo, como a todas, me dolió primero mi privilegio. Después la impotencia.

Leerme en otras, acuerparnos en otras, acuerpar a otras fue la fortaleza. El cinturón de seguridad no existe cuando sos feminista. Existe la lucha que se complementa en la potencia de las otras y en nuestra propia coherencia del dolor y la rabia. Este sistema me duele no en cantidades, me duele en nombres de mujeres que en este país y en el mundo estamos luchando con nuestras propias incrustaciones sistémicas que no son ajenas a nuestro ser feminista.

Mi cuarentena, la pandemia, mi potencia y mi fuerza ha sido con todas desde el feminismo y desde allí, tal vez no escriba todo lo que otros y otras necesitan que escriba, solo puedo animar a más jóvenes a reconocerse en esta lucha feminista desde el arte, la economía, el periodismo, la medicina, desde todos sus lugares, pero feministas.

Esta lucha es la que me ha permitido sobrevivir y no caerme en la impotencia y la comparto como una reivindicación a la lucha feminista en tiempos de pandemia. Y este sistema y ningún gobierno tendrá nuestro silencio frente a la violencia contra las mujeres y las niñas. El silencio no es una opción.

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