Cartas que Nadie Me Pidió (V)

Este 14 de febrero las flores prometen más de lo que cumplen y los silencios gritan verdades incómodas. Cinco relatos desde el lado que el amor heterosexual prefiere no mirar. Léase bajo su propio riesgo.

Por: La Cortesana (pseudónimo)

Querida y gentil lectora

Quise escribir sobre algunos “caballeros” que se cruzaron en mi camino… pero pronto comprendí que no eran “errores aislados”. No, mis queridos: eran piezas de un mismo sistema patriarcal, capitalista racista y colonialista entrenados para tomar y educados para soportar. Cada microabuso, cada manipulación, cada extractivismo afectivo no es casualidad: son los sistemas funcionando entrelazados con precisión. El día que me cansé entendí algo más: no es un problema individual, son sistemas. Pero no se desespere: tenemos herramientas para resistir y reconstruirnos.

  • Reconocer patrones de abuso y desigualdad. Nombrar la violencia es el primer acto de rebeldía; dejar de normalizarla es un escándalo digno de la alta sociedad.
  • Priorizar tu cuerpo y tu deseo. No aceptes placer fragmentado, manipulación sexual ni extractivismo afectivo.
  • Valorar tu tiempo y trabajo emocional. Queridos míos, no somos responsables de sostener la precariedad afectiva de otros.
  • Establecer límites claros y firmes. Aprender a decir “no” y mantenerlo es, sin exagerar, un acto revolucionario.
  • Buscar redes de apoyo feministas y afectivas. Compartir experiencias y recibir acompañamiento fortalece la resistencia.
  • Redefinir libertad y deseo. La libertad no es huir de vínculos: es elegirlos desde la ética afectiva, el respeto y la reciprocidad.

Salir de relaciones abusivas no implica renunciar al deseo ni al placer; al contrario, es reclamar tu poder, tu cuerpo y tu vida con todas las letras. No camines sola: compartir experiencias y rodearte de amigas, redes de afecto, cuidado y respeto fortalece la resistencia. Recordatorio: cada límite, cada decisión consciente, cada acto de autocuidado es feminismo en acción. Con todo mi afecto y amor, la cortesana.  

Eso es desobedientemente elegante.