“Me dejo de llamar Rosa Franco si no se hace justicia por mi hija”, el juramento de una madre que marcó un precedente en la historia de Guatemala

Eran finales del año 2001 y la Navidad se acercaba. Un ingreso extra sonaba como una buena idea. María Isabel Véliz, de 15 años, le pidió permiso a su mamá para trabajar en una pequeña boutique ubicada en la zona 1. Orgullosa de que su hija quisiera aprovechar su tiempo libre en algo que la mantuviera ocupada, Rosa Elvira Franco se encargaba de llevarla y traerla cada día. Pero una mañana, Isabel se despidió diciéndole que no se preocupara en ir por ella porque un amigo la llevaría de regreso a casa. No muy convencida, Rosa aceptó. Durante el día, algo no estuvo bien: una tristeza profunda apareció sin aviso. “Yo decía: ‘¿Pero por qué estoy llorando?’ Ya me lo avisaba el corazón”, recuerda.

Ese 16 de diciembre fue la última vez que vio con vida a su hija. Desde entonces, marcó en su calendario el inicio de una lucha que duraría más de  20 años.

Por: Redacción

Guatemala tiene una extensión de 108,888 kilómetros cuadrados y una densidad poblacional alta. Para el 2024, las proyecciones basadas en el censo nacional del 2018 indican que el 50.81% de la población estaría conformada por mujeres, una cifra que ronda las 9,065,153 en total.

En las últimas décadas, diversos casos de violencia contra la mujer conmocionaron al país y evidenciaron las fallas de un sistema que, según víctimas y entidades internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), ha sido violatorio de derechos humanos, al no haber brindado una respuesta temprana, necesaria y de vital importancia en denuncias de desapariciones.

El caso de Isabel, la joven de 15 años que fue víctima de feminicidio en diciembre de 2001, no pasó desapercibido. Su nombre se mantuvo en las noticias durante años y, ahora junto al nombre de Claudina, otra joven víctima de feminicidio a inicios de los 2000, le dan vida al mecanismo de búsqueda de mujeres desaparecidas en el país: la Alerta Isabel-Claudina, un mecanismo escrito con sudor y lágrimas de una madre que buscó justicia hasta el final.

“Para mí fue mucha alegría y satisfacción porque eso representa la vida de mi hija, la dignifica”, menciona Rosa, madre de Isabel, mientras recuenta los logros obtenidos tras años de lucha y acompañamiento de organizaciones que velan por la defensa de derechos de las mujeres en el país.

La Alerta Isabel-Claudina ha estado vigente desde el 2018 y, hasta diciembre del año pasado, fue activada en 12,114 ocasiones para la búsqueda temprana de mujeres desaparecidas, según datos del Ministerio Público. Este protocolo implica la articulación de diversas entidades estatales, como el Ministerio Público, ministerios de Relaciones Exteriores y de Gobernación, a través de la Policía Nacional Civil, Instituto Nacional de Migración y Procuraduría General de la Nación, entre otros, que deben dar una respuesta dentro de las primeras seis horas.

En el 2001, Rosa no tuvo nada de lo mencionado. A la mañana siguiente de no tener noticias de Isabel, intentó poner una denuncia de desaparición en más de una ocasión y en todas le fue negada. Ella estudiaba derecho, pero en la estación fue acusada de ser prostituta, ella y también su hija desaparecida de 15 años. Cuando la denuncia fue aceptada, a las 4 de la tarde del día siguiente, Rosa había sido humillada e ignorada en diversas ocasiones.

Para mí fue mucha alegría y satisfacción porque eso representa la vida de mi hija, la dignifica”

Una búsqueda que inició sola

Antes de obtener ayuda de las autoridades, Rosa ya había ido a la Policía Nacional Civil, a los cementerios, a los hospitales, a los bomberos y a algunos canales de televisión a repartir fotografías para su difusión. 

Dos días después de la desaparición, aproximadamente a las 8 de la noche, se enteró por medio de las noticias de que el cuerpo de una adolescente había sido encontrado a 16 kilómetros de distancia, en un terreno baldío en San Cristobal Mixco.

Reconoció su ropa, era su hija. Isabel tenía rastros de violencia, fue abusada sexualmente, tenía una fractura en el cráneo y una herida de arma blanca en el abdomen. Rosa no fue notificada e Isabel no había sido identificada. De no ser por haberla visto casualmente en las noticias, el proceso de búsqueda habría durado más horas o incluso días.

La abogada especializada en la defensa de derechos de las mujeres, Hilda Morales Trujillo, afirma que “hubo muchas inconsistencias” y reconoce que una de las razones radica en el simple hecho de ser mujer. 

“Se manejaban, y eventualmente se siguen manejando, estereotipos sexistas, que hacen ver como que las mujeres y las víctimas son responsables de lo que ha pasado y que tienen una conducta que no merece la pena tomar en cuenta de parte del sector justicia”, agrega Hilda mientras recuenta la forma en la que entre mujeres se han acuerpado por décadas para generar un cambio en el país.

Para Hilda, estas acciones encaminadas a la búsqueda de justicia y apoyo entre mujeres se refuerzan con el eslogan regional “no estás sola”, que les ha recordado que con la unión se hace la fuerza y, con ello, han generado diferentes cambios relevantes a nivel nacional. 

“Desde esa incidencia, se crearon ya hace más de 30 años los centros de apoyo integral para mujeres sobrevivientes de violencia. Por muchos años eso estuvo a cargo de las organizaciones. Y el año pasado ya se puso en el presupuesto del Ministerio de Gobernación”, agrega.

Pero esto ha sido un proceso largo. Cuando Isabel desapareció, a nivel estatal, la situación era otra. Desde el inicio, Rosa pidió que se investigara al supuesto amigo que iba a llevar a casa a su hija, pero una ola de inconsistencias arrastró el caso en más de una ocasión. 

El 20 de diciembre, después del entierro de Isabel, Gustavo Adolfo Bolaños se presentó en la casa de la familia Véliz, trasladó a Rosa hasta su vivienda y, frente a su familia, la acusó de señalarlo por la muerte de Isabel. “Echatela aquí”, le dijo la madre de Gustavo.

Rosa no sabe cómo salió ilesa de esa situación. Pero cuando llamó a los números de protección que fueron brindados por el Ministerio Público, sí supo que el camino hacia la justicia sería cuesta arriba. “En vez de irme a ayudar a mí, a protegerme, le fueron a preguntar a él. ‘Don Gustavo, ¿cómo está usted? ¿Qué le está pasando?’ Yo me quedé bien asombrada. Nadie me preguntó, ‘¿Está bien usted, señora?’”. Desconfiada y con temor, recuerda, “desde ahí, yo comencé a investigar por mi cuenta”.

Rosa, como estudiante de la Licenciatura en Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos, tenía conocimiento de sus derechos, de algunos pasos a seguir y un café internet que quedaba a una corta distancia entre su trabajo y su casa. En ese espacio pasó horas investigando y tomando apuntes. 

“Me dejo de llamar Rosa Franco, si no se hace justicia con mi hija”, fueron sus palabras de aliento. Eso, junto al ferviente deseo de justicia por el feminicidio, la llevó a situaciones de riesgo, cuando a solas asumió el deber de investigación diaria que debió asumir el Estado.

Con los años, finalizó sus estudios y enfocó sus esfuerzos y conocimientos en la defensa de los derechos y la búsqueda de justicia para ella, su hija, su familia y otras mujeres en el futuro. “No, dije yo, hay que hacer justicia. ¿Para qué estudié? Para algo”, recuerda. 

Me dejo de llamar Rosa Franco, si no se hace justicia con mi hija”

«Ahí empezaron a surgir los cambios en Guatemala»

Ahora, con orgullo, reconoce que “de ahí empezaron a surgir los cambios en Guatemala. En primer lugar, surgieron leyes como la Ley Contra el Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer”.

En el camino, Rosa agotó los recursos legales internos y escaló su caso a la Corte IDH. En ese entonces, se encontró con organizaciones que trabajan en la defensa de derechos de las mujeres como el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM), quienes le dieron una representación ante la Corte y, juntas, lograron una sentencia que marcó un precedente para las mujeres en la historia de Guatemala: el Estado fue declarado responsable por no actuar con diligencia ante el caso.

Con esto, la Corte ordenó al Estado desarrollar una investigación eficiente para identificar, procesar y castigar a los responsables de la muerte de María Isabel, y a desarrollar un marco jurídico para proteger a las mujeres y las niñas frente a otros casos de violencia que se presenten en el futuro, y así evitar que casos como este vuelvan a suceder. Así ocurrió también en el caso del feminicidio de Claudina Velásquez. Ambas sentencias marcaron el punto de partida.

“Ha sido importantísimo contar con esta alerta, ha contribuido a ubicar y proteger a niñas, adolescentes y mujeres de todas las edades”, comenta Giovana Lemus, integrante del Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM) y de la Red de la No Violencia contra la Mujer (REDNOVI).

Pese al reconocimiento de la creación de la Alerta Isabel-Claudina, las mujeres entrevistadas para este reportaje resaltan un trabajo que necesita ser fortalecido para generar mejores resultados. “Hay un observatorio y veo que lo tienen parado, entonces eso no ayuda. Tienen que haber información veraz para poder seguir haciendo estrategias de intervención”, agregó Giovana.

Según una nota publicada en 2023 por el medio Plaza Pública, titulada “Las mujeres desaparecen y los datos acerca de su búsqueda no dan confianza”, el portal mostraba inconsistencias en datos y fechas. Hasta la publicación de esta nota, el portal no se encontraba disponible.

Para la abogada Hilda Morales, aunque reconoce que han habido avances para la búsqueda de mujeres desaparecidas en Guatemala, aún existen limitantes que deben ser tomadas en cuenta para lograr una atención integral para todas. “Hay que tomar en cuenta que en Guatemala no solamente se habla el español, sino que se hablan alrededor de 22 lenguas indígenas, con sus diferentes dialectos. Hay mucho que hacer, esta lucha no termina”, reitera.

Las limitaciones del Estado no sirvieron de tropiezo para Rosa Franco, quien reconoce que en su camino a solas, con la investigación del feminicidio de su hija, dio grandes pasos. También asegura que el acompañamiento de organizaciones como el Grupo Guatemalteco de Mujeres fue lo que impulsó cambios significativos a nivel nacional y que, además, fueron quienes le brindaron un abrazo colectivo frente a años de dolor que le dieron la fuerza para seguir adelante. “Yo intenté, luché y lo logré, gracias a Dios y a la ayuda de GGM”, agrega.

El objetivo inicial de esta madre fue buscar justicia para su hija y, en el proceso, su deseo de que ninguna mujer tuviera que pasar por las cosas que ella vivió, se hizo realidad. Luego de la condena de la CorteIDH, el juicio al culpable del feminicidio se llevó a cabo. Veinte años después, Gustavo Adolfo Bolaños fue condenado a 30 años de prisión.

Las desapariciones de mujeres no son un problema que se da solamente en Guatemala. Según una noticia del medio de investigación Expediente Público, 523 mujeres fueron asesinadas en Centroamérica en 2024, según datos recopilados por organizaciones de defensa de derechos humanos. Sin embargo, casos como el de Rosa Franco y su hija, Isabel Véliz, reconocen caminos que vencen la impunidad. 

“En otros países tiene que hacerse la misma lucha, pienso yo. Lo que tienen que hacer las mujeres es organizarse, atreverse a denunciar para empezar, y buscar organizaciones en sus localidades. Esas mujeres tienen derecho de pedir a las congresistas de sus países que elaboren esas leyes”, explica Rosa.

Finalmente, como parte del proceso de reparación que también fue dictado por la sentencia de la CIDH, el Estado de Guatemala, en nombre del actual presidente Bernardo Arévalo, pidió una disculpa pública a la familia de Isabel Véliz y reconoció la incansable lucha dada por su madre, quien tuvo que migrar hacia Estados Unidos por las constantes amenazas y riesgos que enfrentó en la búsqueda de justicia para su hija.

La ley de Búsqueda Inmediata de Mujeres Desaparecidas es el resultado de una lucha que inició a solas y finalizó con abrazos y celebraciones colectivas, dejando como legado una herramienta, que aun con sus limitantes, es un paso importante para prevenir que casos como este se repitan. Rosa sabe que la disculpa y la creación de la ley de búsqueda inmediata de mujeres desaparecidas que lleva el nombre de Isabel y Claudina no le devolverán a su hija; sin embargo, la reconforta saber que su lucha se convirtió en la lucha de todas.

“Yo me sentí muy contenta de que existiera, no solo carteles, dibujitos, fotos de María Isabel, foto de Claudina, no. Algo que sea fuerte, porque todo lo que me duele que no esté mi hija a mi lado, más sirva para algo para otras mujeres”, confiesa.