Estos dos cuentos dialogan entre la intimidad y lo colectivo: la conversación entre madre e hija, no siempre presente entre nosotrxs, la preparación del adiós, el ritual compartido, la pregunta incómoda sobre por qué adornamos tanto lo inevitable. Aquí, la muerte no se presenta como castigo ni como
tragedia espectacular; es tránsito, organización, memoria y, también, libertad.
Por Mariana Moisa
Ilustraciones: Memena Rivera
¿Te imaginás la muerte?
¿Te imaginas que tu mamá se muera?, le preguntó la gallina a la mapacha.
La mapacha, pensativa y con los ojitos tristes le dijo:
—Mi mamá siempre habló sobre la muerte, sobre su muerte.
Desde pequeña mi mamá me dijo que, un día moriría y que —con voz de señor sabiondo— “es ley de vida, un día soltarla”.
Años más tarde, la mamá de la mapacha estaba al borde de la muerte. La mapacha le dijo a la gallina:
—Estoy preparando todo para su muerte.
Y la gallina le dijo:
— Yo nunca he pensado en la muerte de mi mamá.
La gallina le volvió a preguntar, incrédula:
— ¿Crees que tu mamá se va a morir?, ¿Te imaginas que tu mamá se muera?
La mapacha, con ojos llorosos, le contestó:
— Sí, me puedo imaginar el día en que mi mamá se muera.

La muerte está sobre valorada
Una gansa blanca, elegante, casi perfecta y culona, se paseaba entre la bandada de patos salvajes que habían llegado al solar.
Todo era puro alboroto.
— ¡Le habían pegado un balazo a Casino! —gritaba uno de sus amigos.
La bandada ruidosa muy rápido se organizó para armar el sepelio.Uno se preparaba para hacer las de un cura; otras y otros serían plañideras (llorones), en la cocina, quienes tenían más habilidades culinarias se anotaron para hacer los tamales de gallina.
El ataúd sería con hojas de plátano y una pata muy salvaje, que tenía el pico bien filudo, se apuntó para arreglar un mausoleo tropical.
Entre alegrías tristes, junta y organización, cruzó el tumulto la gansa. Como era tan elegante todos la vieron. Ella abrió su monedero y sacó unos centavos; con calma los colocó en la alcancía para Casino, y dijo, con voz calma y parsimoniosa:
—La muerte está sobrevalorada. ¿Por qué tiene tantos adornos? Si entendiéramos que la muerte es solo un paso más en la vida, la libertad sería con nosotras.
Hubo un silencio absoluto entre la bandada de patos que duró solo tres segundos. Luego volvieron a la alegría triste, hicieron tamales de gallina y escucharon a un pato que se creía cura.
En memoria de Ana María Moisa
